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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Recuerdo como si fuera ayer ver salir a mi padre con escoba en manos a barrer la banqueta de nuestra casa y de paso las de los vecinos. Desde entonces vi en él esa actitud positiva de lo que siempre decían los vecinos de él. Un hombre comprometido con su comunidad. Esa historia que le cuento la he cargado por toda mi vida, he querido retomar esa parte de él y continuar con el propósito de mantener las calles y las banquetas limpias, estoy seguro que de hacerlo traeré esa parte de mí y quizás olvidada en la población de Culiacán, al menos la veo poca. Barrer la banqueta al vecino tiene sus ganancias morales y físicas, la primera, establece un vínculo humano con los que te acompañan todos los días en el vecindario. Construyes condiciones de buen vecino que a la larga retribuirá con creces esa actitud de ser solidario con lo de ellos. La segunda, haces ejercicio. De pronto sientes que el vecino tiene todo lo que tu necesitas para cortar los árboles, podar el césped, si es que vives en colonias residenciales, un martillo; de gran utilidad, una creciente; excelente para los tubos de plomería, nunca falta un serrucho que nos saque del apuro, en fin, un vecino bien tratado es un seguro de vida que lo reconocerás con el tiempo. Eso sí, nunca pelearte con él, pues será casi dormir con el enemigo. A reserva de discutir profundamente este asunto de los beneficios del vecino habremos de entender que no todos cumplirán con las especificidades requeridas, pues será común que algunas veces la basura que barre el vecino te la deje a un lado de tu banqueta y eso podrá molestarte, sin embargo, con una buena sonrisa podrás decirle que la recoja. Para el caso de México con nuestro vecino del norte, las cosas no han estado del todo buenas, pues a saber que tenemos un vecino que nos deja toda la basura que deshecha y de paso nos la vende como si fuera nueva. De pronto ese vecino se ha crecido tanto que nos mira por encima del hombro queriendo hacernos sentir que valemos menos y por causa de ello tienen el derecho de humillarnos. Vamos para la quinta reunión para la renegociación del tratado del libre comercio entre los tres países y sigo observando a ese niño repudiado en la escuela por creerse más que los demás. Donald trump quiere hacer efectiva la promesa que le hiciera a su pueblo de negociar siempre con el joquer en la manga, y no lo culpo, ojalá tuviésemos a un representante nuestro que dé la vida por su pueblo y no nos la quite como lo ha estado haciendo. El principio de equidad debe prevalecer siempre y este debe ser tal que pondere adecuadamente la situación que México tiene ante los dos países negociadores. Está claro que tenemos desventajas visibles en casi todos los terrenos de la economía, pero una que verdaderamente nos pone en extrema precaución es que los mexicanos no confiamos en nuestros representantes como lo hacen Canadá y Estados Unidos con los suyos. Una pequeña diferencia si usted quiere, pero tratándose de negociar, la confianza de su pueblo se convierte en una fuerza avasalladora. En este caso de nada nos servirá barrerle la basura a nuestro vecino del norte, por lo tanto sigamos haciéndolo con el que tenemos a los lados y enfrente. Así sea.

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