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ALFONSO ARAUJO

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

China es como Batman: para todo tiene un plan. En el año 2000, la gran mayoría de los observadores especializados coincidían en que el sistema financiero chino —con una cantidad tremenda de cuentas incobrables y subsidios peligrosos a las industrias locales— estaba al borde del colapso y no duraría más de cuatro años sin tener una implosión. Estas evaluaciones eran ciertas: el sistema chino tenía décadas de estar operando de forma muy por fuera de la ortodoxia financiera para poder apuntalar sus industrias. Pero los observadores no contaban con que tenían un plan, bastante complejo de detallar, pero que incluyó una apertura limitada al compro de deuda por parte de entidades extranjeras y la creación de instituciones especiales para el manejo de la “deuda mala”. Casi veinte años después, el sistema chino ha tenido algunos shocks fuertes, más que nada en su bolsa de valores, pero la fortaleza de sus bancos no se puede negar: de los cinco más grandes del mundo, tres son chinos. Igual que Batman.

Esta semana que acaba de terminar, el Presidente de EEUU hizo una visita a Asia, incluyendo Japón, Corea del Sur y China. ¿El plan? Pues, la verdad no lo sabemos. Fuera de firmar algunos acuerdos comerciales y decir con retórica que gracias al Cielo fue moderada, que las relaciones con Asia son importantes, no hay una estrategia ni clara ni siquiera borrosa. Esto es, que una de las tres relaciones más importantes del mundo, no tiene objetivos ni estrategia por parte de una de las partes.

Esto es ponerle las cosas en bandeja de plata a China que, repitámoslo, siempre tiene un plan. Además, al Presidente Xi Jinping le cayó de perlas la visita: recientemente acaba consolidar su posición siendo ratificado en su segundo periodo de cinco años, y se encuentra en mitad de un periodo de expansión global de influencia china comenzado por sus antecesores. En Asia Central, en África, en Latinoamérica: las inversiones en todo el mundo están recibiendo cada vez más fondos chinos mientras que EEUU continúa a la deriva en su política internacional, cediendo su posición a quien la quiera. Y por supuesto, China la quiere. También Rusia y Europa, y cada actor está haciendo lo que debe para avanzar sus posiciones. Trump visitó Beijing y dejó ver que el Diablo sabe a quién se le aparece: nada de exabruptos en una visita controlada por sus huéspedes hasta el último detalle. Comercio, sí, dijo China, dejémonos de politiquerías, que es para usarla allá en tu rancho.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China

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