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MANUEL CÁRDENAS FONSECA

MANUEL CARDENAS FONSECA

Siempre he pensado que el derecho ciudadano de votar y ser votado, que nos otorga a los mexicanos el artículo 35 constitucional, no debe ser restringido a ejercerlo exclusivamente a través de los partidos políticos, como por muchos años sucedió en nuestro país.

Por eso, celebré la reforma electoral de 2012, que estableció en el texto constitucional, la figura de las candidaturas “independientes”, que más que independientes yo les llamaría candidaturas sin partido, porque no cabe duda que quienes contienden bajo esta figura, tienen sus filias y fobias, sus apoyos y vínculos de toda índole, así como sus razones para buscar el voto ciudadano fuera de un sistema de partidos que vive el descrédito y la desconfianza social.

Aunque este tipo de candidaturas no son nuevas en nuestro país, sí nos dan renovadas esperanzas. Muy pocos recuerdan (o quizá nadie) que las candidaturas sin partido estuvieron presentes en la normatividad electoral postrevolucionaria desde 1916 hasta 1946, eso fue lo que permitió a José Vasconcelos participar como candidato independiente a la Presidencia de México en 1929.

Pero la Ley Electoral Federal de 1946 estableció en su artículo 60 que sólo los partidos podría registrar candidatos y desde entonces los partidos políticos tuvieron el monopolio del acceso a los cargos de elección popular.

El próximo año, por primera vez aplicará la figura de candidaturas “independientes” para todos los cargos de elección popular en el ámbito federal: Presidente, Senadores y Diputados. Será sin duda una “prueba de fuego” para todos los actores, tanto para los posibles candidatos, como para las instituciones electorales encargadas de organizar y vigilar las elecciones.

Las experiencias que se han tenido en las elecciones federales y locales en donde han participado candidatos independientes, desde 2015, han sido realmente positivas y en muchos casos hasta sorprendentes, como el que un candidato sin partido (contando con su origen y vínculos) haya ganado la gubernatura de uno de los estados con mayor dinamismo económico de nuestro país y otro más haya ganado una diputación federal, independientemente de lo extraño del comportamiento de las huestes partidistas tradicionales.

En las elecciones de 2015, participaron 22 candidatos “independientes” en las elecciones para diputaciones federales y uno ganó, tres candidatos en las elecciones para gobernador (Baja California Sur, Campeche y Nuevo León) y uno ganó; 29 candidatos a diputaciones locales y uno ganó, y 79 candidatos a presidencias municipales y delegaciones y tres ganaron (Comonfort, Guanajuato; Morelia, Michoacán y García, Nuevo León.

Desde entonces, la participación de candidatos sin partido en elecciones locales se ha mantenido muy activa y hoy ya suman 18 candidatos “independientes” que han ganado elecciones municipales y de diputaciones locales.

Algunos más candidatos sin partido han partipado en elecciones en las entidades federativas y para la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y aunque no ganaron, si le dieron un nuevo dinamismo a las contiendas electorales, y mostraron la necesidad de contar con voces distintas en el espectro político nacional.

Es quizá por estos antecendentes que ahora, para las elecciones de 2018, se vive una efervescencia “independentista” que se ha reflejado en el número de personas que se inscribieron en el Instituto Nacional Electoral, para buscar una candidatura a alguno de los cargos federales que estarán en disputa el próximo año.

De acuerdo a datos oficiales del INE, 48 ciudadanos cumplieron con los requisitos para buscar la candidatura a la Presidencia de la República (claro que cada uno necesitará 866, 593 firmas efectivas y aprobadas de ciudadanos); 57 para buscar candidatura al Senado, y 180 para aspirar a una candidatura para ser diputado federal. A esto se debe sumar los 11 aspirantes a una candidatura para la jefatura de gobierno del la Ciudad de México y a los que se registren en diciembre para contender por las exdelegaciones y las diputaciones locales. Y vamos sumándoles, los estados donde habrá elecciones y seguramente aspirantes a candidaturas independientes.

El universo de estas eleciones es enorme a nivel nacional, se renovarán 3,226 cargos públicos, entre ellos un Presidente de la República, 128 Senadores, 500 diputados, 9 gobernadores, 27 congresos locales y más de 2 mil ayuntamientos.

También son enormes los retos que se enfrentan en el registro de los candidatos sin partido, y ya hemos comenzado a ver los problemas generados por la falta de previsión del INE, y la cerrazón de sus consejeros. Las quejas de los aspirantes a candidatos “independientes”, no se han hecho esperar, aunque el INE se ha mostrado poco abierto a escucharlas y sólo bajo presión han tomado la decisión de ampliar una semana más el período de recolección de firmas y a aceptar  recabar firmas en papel en la zonas de alta marginación y de poca conectividad.

Yo no sé a quien se le ocurrió poner a prueba una aplicación tecnológica en una elección tan grande, y por qué no se hicieron pruebas piloto en elecciones previas locales. Seguro hicieron sus pruebas pero no ante condiciones reales y hoy se están pagando las consecuencias,  que pueden derivar que pocos, si no es que ninguno de los aspirantes a cargos federales, logren el número de firmas que les pide la ley. Ya veremos si esto no se convierte en otro elemento que cuestione el proceso electoral.

Lo que sí quiero destacar es que las candidaturas sin partido representan una “bocanada de aire fresco” para la democracia mexicana y generan nuevas esperanzas y expectativas entre los ciudadanos. Pero más allá de las percepciones, en los hechos las candidaturas sin partido están impulsando un nuevo esquema de competencia y de participación política, en donde los partidos políticos tradicionales se ven forzados a renovar sus prácticas y sus propuestas.

Espero que este mecanismo no se pervierta y se convierta en una decepción más para los ciudadanos. Todavía hay muchos problemas que resolver, como el financiamiento a los aspirantes a este tipo de candidaturas, la difusión y comunicación a los ciudadanos sobre cómo darles su apoyo, pero sobre todo, el que puedan competir en condiciones de mayor equidad.

Es inevitable que el dinero siga pesando aún en las candidaturas “independientes” y que quienes las logren sean personas que traen una estructura y apoyos claros, pero espero que con el tiempo, sean candidaturas más autónomas y más desligadas de intereses de grupos. Tiempo al tiempo.

¡Muchas gracias y sean felices!

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@m_cardenasf