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ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

alcaraz ernesto

COLUMNA VERTEBRAL

Sin duda “la mentira dura, hasta que la verdad llega”, pues siempre habrá un pequeño resquicio para llegar a la veracidad de los hechos. Y esa incertidumbre que nos agobia debe tener un espacio que aclare nuestras dudas, que nos oriente sobre los pasos a seguir y el camino que debemos trazar por nuestras decisiones. Por  eso nuestra atención estará centrada y alerta en el discurso político y el debate público que puedan ofrecer los aspirantes de hoy, candidatos mañana.

Porque hay que tener muy claro: No por el sólo arribo de una persona al poder, las condiciones nacionales tengan qué mejorar. Se requiere que el deber institucional del gobierno diseñe programas incluyentes y el empresariado nacional genere un mayor compromiso para un mejor desarrollo económico y que ambas instancias  abonen sustancialmente a la movilidad social. En suma, que el rezago social, derivado de la desigualdad y la pobreza se atienda y encauce hacia el bienestar general de la población.  

Los problemas de inseguridad, de empleo y mejores salarios, la corrupción y la impunidad necesitan de soportes institucionales eficaces y la observancia irrestricta del Estado de Derecho. No se van a resolver con sólo proponer en el discurso la Transformación del País o Restaurar la República ni por quiénes proclaman el Cambio Verdadero. Está claro que en la palestra electoral serán “tres visiones distintas” de País, ante un catálogo común de necesidades que desune a la población. Quizás ninguna de ellas sea mayoritariamente dominante, pero sí motivo de amplia reflexión ciudadana. Pero que sean  propuestas electorales de mayor alcance que las de encauzar emociones y pasiones colectivas surgidas de la desilusión y orientadas al encono y la división ciudadana

El discurso político busca convencer y enganchar al electorado con su voto, pero resulta un despropósito cuando la propuesta es inviable y esconde otros intereses. Una y otra opción deberemos identificarla entre el discurso serio y la propuesta razonada con el de contenidos sin sustento. Cada “Visión de País” merecerá la atención y el juicio ciudadano. Que se darán conexiones con quién más simpatizamos o congeniamos, y calumnias y denuncias contra quien menos coincidimos, seguramente. Así, actitud, discurso y propuesta  se pondrán a prueba en la opinión decisoria del electorado: ¡O lo atrae o lo aleja!

El discurso político bien estructurado y magistralmente pronunciado – ante cualquier audiencia interesada - es un obsequio inapreciable a la  inteligencia. Es capaz de persuadir al auditorio más exigente y cautivar  por la calidad y riqueza de sus propuestas y por la energía y claridad del lenguaje. Modifica conductas y trasforma estados de ánimo. Y en el ejercicio  de la política importa mucho porque nos acerca más a la decisión que habremos de tomar, sea cual fuere la opción. Que no imperen las “verdades absolutas y las razones autoritarias” y en la medida que prevalezcan la libertad la honestidad intelectual y la certidumbre de cómo operar sus tesis y propuestas, será la respuesta del electorado.

El discurso serio, sincero y honesto promueve expectativas y modifica maneras de pensar, hace reflexionar a quienes dudan o tienen ideas contrarias. Y es trascendente cuando observa los valores dialécticos que lo mismo convence que contrasta propuestas y no sólo aquél que se recrea fundamentalmente en la actitud  emocional de los ciudadanos. 

Por eso bienvenida la intención del INE de proyectar un nuevo formato sobre los debates presidenciales que permitirá profundizar en el análisis y el contraste de las diferentes plataformas electorales, a pesar que analistas políticos juzguen a nuestra ciudadanía de “inculta” y que el sistema político carezca de una “cultura para el debate público”. Ya entrados, y si aceptamos que “cultura es lo que el hombre hace”, pues sí. Ni el Estado ni las instancias electorales y los partidos políticos se han esmerado en crear esa cultura, pues “monólogo sin contrastes” no es debate, y menos, si los “moderadores”, periodistas connotados, siguen aceptando el cliché de ceder la voz a los candidatos de acuerdo con el orden establecido por ellos.

Y si bien es cierto que diferenciar contenidos y programas de gobierno es complicado hasta para los expertos, el elector piensa bien y entiende mejor en qué ha fallado el Estado y por qué está molesta la ciudadanía con el gobierno y con los partidos. Además, tienen muy claro que su voto es consustancial a la integración de las estructuras del Estado así como exigir mayores beneficios para la población, que la Democracia Social nos sigue debiendo. 

Es indudable que la razón discurre a través de la palabra y hace del lenguaje sustento para el entendimiento humano y la inteligencia de ubicarla en la razón de otros, puede recorrer siglos y latitudes sin desperdiciar su esencia ni perder vigencia. Pero igual se degrada cuando se invoca para narrar imprecisiones y referir falsas bondades, siendo su destino la confusión y el  artificio. El discurso es un valor agregado al discernimiento porque las ideas unen pensamientos, ilustra y convence a las personas. Suma adeptos. La advertencia en todo caso es evitar que “cualquier ilustrado” nos imagine presa fácil de manipulación e igual que otros menos “eruditos”, utilicen frases llanas y “llegadoras”  con ideas y propuestas de improbable realización.

Estamos inmersos en un proceso electoral inédito y complicado en el que nadie va a ceder espacios ni va a tener consideración alguna con sus adversarios. Las redes sociales serán canales importantes para inducir miedos, pasiones y descalificaciones y los medios tradicionales abrirán sus espacios de opinión a sus intereses y complacencia con alguno de los candidatos. Sólo se desea que intenten ser objetivos y equilibrados e induzcan el proceso electoral hacia la visión de País que se requiere. Pero sobre todo, que pugnen por la civilidad del proceso, que hoy, según versiones mediáticas, no parece tener buen destino. Esperemos que la conducta ciudadana modifique esta percepción.  ¡Y tenga eco entre los comunicadores!

Y sin cortapisas, aduciendo que no habrá resistencias partidistas, el análisis y escrutinio nacional dará respuesta a la pluralidad social y nos acercará, lo más posible, a la certidumbre de votar por quién más nos convenza. Exigir que los planteamientos no se amparen en el falso “venero de oportunidades”, pero tampoco, pregonen “baratijas electorales”.