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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Sin duda, las únicas que se cotizan, casi, en la bolsa de valores mexicana son las bardas, aquellas largas, altas, lisas, serroteadas, planas o aplanadas, en fin, son las bardas que en tiempos electorales empiezan a cotizarse como si estuvieran en oferta. Los tiempos son excelentes para el comienzo de la búsqueda y la compra del derecho a ser pintadas de todos los colores. Las habrá del PRI pintadas de verde y rojo, un tanto ecológico como para vender la idea de ser natural. El rojo como la barda que sangra por el dolor acumulado de los sufridos y desventurados, de los ignorados y ultrajados. De los timados y chantajeados. Las habrá pintadas de azul, serán las del PAN, como este cielo que nos cobija de día y nos abandona de noche. Un azul como queriendo confirmar lo varonil de sus gentes, escondiendo a la trenzuda que se oculta con un falso discurso. Las habrá de color turquesa de ese partido que se hace llamar Nueva Alianza. Las arras y los anillos se aventaron al primer barranco que encontraron por el camino. Las tendremos también de color naranja, un color bello y lo sería más, si en verdad el Movimiento fuera Ciudadano. Veremos al café con Morena y un amarillo del PRD. Los colores llevan mensajes subliminales y en ellos un claro entendimiento de lo que se desea proyectar por cada partido político. México se caracteriza por los colores brillantes, pues son parte de la cultura en que nacemos y crecemos. No obstante de que los partidos hayan secuestrado nuestra cultura, los colores siguen en el escenario social de nuestro pueblo, sin menoscabo del entendimiento y significado de nuestra cultura. Las bardas serán remozadas con los dineros de juan pueblo, nos guste o no, lo cierto es que tendremos una fiesta casi floral cuando los partidos arranquen con su fantasía de ser ellos quienes lleven al próximo presidente de México a sentarlo en la gran silla presidencial. Un ejercicio sano sería que todas las bardas de Culiacán fuesen pintadas con motivos ecológicos. Otro esquema que pudiera estar latente es la pintura recreativa por los cholos sinaloenses, pinturas que se convierten en verdaderos murales artísticos. Las bardas pintadas finalmente nos colocan en el tercermundismo, alejados de la cultura de la belleza y muy cercano de la contaminación visual que tanto daño nos hace. Debemos trabajar más con el confort sicológico, éste que de manera natural nos mantiene más equilibrado que alterado. Las bardas chicas, grandes, altas, chaparritas, arregladas o no, valdrán un capital que los dueños ya pueden empezar a sobarse las manos por el dinero que cobrarán por la renta de ellas, por lo que a mí respecta, mi barda no se vende ni se renta. Así sea.

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