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ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

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COLUMNA VERTEBRAL

Cada instituto político decide el procedimiento que más seguridad le otorgue y le permita mantener su cohesión interna para resolver sin sobresaltos la candidatura Presidencial. Pues bien, los partidos políticos ya decidieron el método a seguir para elegir a sus candidatos. El PRI optó  por “Convención de Delegados”, figura muy socorrida en sus procesos internos y constitucionales que deviene de la deliberación entre las corrientes políticas en aras de mantener el equilibrio político y construir el colectivo compromiso electoral.

Imagínese: Las convenciones se replicarán 3 mil 236 veces para elegir el universo de candidaturas de 2018: Una Convención Nacional para Presidente, 9 estatales para gobernador e igual número para senadores; 500 distritales para diputados, 984 para diputados locales y mil 614 convenciones municipales para alcaldes, síndicos procuradores y regidores. Cabe destacar que el 50 por ciento de estas candidaturas a los diferentes cargos de elección, serán resueltas por la Comisión de Postulaciones con el fin de resguardar la equidad de género y la inclusión del 30 por ciento de la nomenclatura juvenil. 

Un gran esfuerzo de movilización política que levantará entusiasmos y pasiones, simpatías de los afines y  descalificaciones por quienes no sean favorecidos. La dirigencia nacional del PRI le apuesta a la cohesión interna y descarta desprendimientos importantes de su militancia. Porque aunque se cuestione su disciplina partidaria, ésta tiene un alto grado de contribución política al permitirle ofrecer una distribución, lo más cercana posible, a la justicia electoral: El mérito a los cuadros más representativos y llegadores a los electores. ¿Qué puede influir la “querencia política” en las designaciones y perder de vista el beneficio electoral? Desde luego que sí. Pero precisamente, a la duda deberá seguirle la respuesta.

En el PRI no hay engaño: Se sabe quién es su líder nato, lo entienden quiénes participan y se promocionan en la esfera del ámbito central, sin dejar de “pisar la base”, y aquellos que solventan los requisitos estatutarios pero además certifican su fuerza electoral y viabilidad de triunfo. Desde luego que habrá inconformidades, incluso ya las hay, porque la diversidad política no siempre encaja con los criterios electorales.  

El PAN, por su parte, decidió abrir la elección a través de “Consulta a la Militancia”. Ese mismo procedimiento que exigía Margarita Zavala, la más aventajada de entre los panistas en las preferencias electorales y a la que se sumó Rafael Moreno Valle, ubicado en tercer lugar. La jugada de Anaya era muy clara y la decisión del método abre espacio para la especulación política: Si era la propuesta de Anaya, ocupante del segundo lugar en preferencias, ¿por qué no le fue anticipada a Margarita y evitar su desprendimiento del PAN? Por lo mismo. Había que desbancarla de las preferencias, y quizás, condicionar su participación a la decisión que tomara el Frente Ciudadano. No en el PAN, porque ella lo superaba.  

Pero la señora Zavala, en su obsesión por figurar en la boleta electoral renuncia y presenta su apresurada intención de ser candidata independiente, a días de cerrarse el período de registro. Quizás Ricardo Anaya no esperaba tan abrupto abandono, cuando declaró que “era una decisión acelerada”. Pero no la conminó a desistirse y la dejó ir. La engañó con su silencio y la secrecía de su decisión ya tomada y a Margarita la venció su desespero y ambición presidencial. De alguna forma, la salida provocó que la ascendencia política de Anaya en el Frente Ciudadano se fuera deteriorando y bajaran sus bonos electorales. Ante ello, decidió conectar toda la fuerza interna del Partido para contender, por si no es favorecido en el Frente, por Acción Nacional. Así, juega las dos opciones: Si no es por el Frente, irá por Acción Nacional. Pero de que va…va.

 La salida de Margarita afecta directamente al partido, a sus estructuras y a su militancia, más que a su presidente Anaya, porque sin Zavala en la “Consulta a la Militancia” el puntero es él, y su oponente de mayor peligro, Rafael Moreno Valle, no repunta lo suficiente.

En tanto el Frente Ciudadano por México, aún no decide. Se determinará por  acuerdo grupal entre los dirigentes miembros de la Coalición. Ya dijo el PAN, que debe ser  un panista el candidato por tener los mejores porcentajes electorales. Pero el PRD le apuesta a que sea un candidato con “perfil ciudadano”. Los acuerdos se están quebrantando y su  correlación de fuerzas se está debilitando. Los grupos internos del PRD no están en sintonía con lo que han venido proponiendo los dirigentes coaligados. Anaya, en la Coalición del Frente rechaza cualquier consulta a las bases, pero en el PAN, sí.

Ahí estriba el gran dilema político: el perfil y el nombre del abanderado. Que Miguel Mancera, que Juan Ramón de la Fuente entre otros…Eso ya se veía venir desde que se utilizó engañosamente el membrete de “Frente ciudadano”, integrado en su gran mayoría por dirigentes políticos y personajes afiliados o simpatizantes de partido.

En el entorno de MORENA, ya está auto decidido: Será Andrés Manuel López Obrador. Porque como lo expresó la Secretaria General de ese Partido Yeidckol Polensky: “Sólo un loco se atrevería a disputarle la candidatura a López Obrador”. Ahora lo que debe preocuparle a MORENA es evitar las grietas políticas cuando designe sus abanderados a los cargos de elección popular en las regiones de la República. Ya la prensa informa sobre casos de inconformidad en algunos estados del País por la  designación anticipada de candidatos a gobernador, cuya decisión se esconde en el nombramiento de coordinadores estatales de MORENA.  Como sucedió en la ciudad de México. Destacan los medios casos de nepotismo y autoritarismo, eterno conflicto de AMLO. Se espera entonces, que AMLO no caiga en la “faramalla” de elegir sus candidatos a través de “Convención de Delegados”. Así como él los define está bien. Para qué consensos, acuerdos políticos y diálogos constructivos. Haga sus propias encuestas y lo que su “dedito mande”. Total, sus seguidores todo le aceptan, y sus correligionarios y allegados, le tienen miedo. Por eso digo, definiciones traen incertidumbres.