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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Como todos los incidentes en México, la ayuda siempre llega tarde y con ella una ola de buitres esperando tomar lo que nos les pertenece. Chiapas, Oaxaca y Tabasco viven los peores días de su historia, miles de personas que no tienen hoy un techo donde pasar la noche y para ellos es un agravio que le perturba su diario vivir. Debemos dimensionar los hechos que causó el terremoto de 8.4 en la escala de Richter, referido a que los daños fueron muchos pero también mucho menos que el del 85. La clase más pobre es como siempre la más dañada. Sin restarles importancia a las comunidades, ellas empiezan a organizarse para remover los escombros que dejase el movimiento telúrico. No sabemos qué es más significativo, si un terremoto, un tsunami, un huracán o un tornado, lo cierto es que todos revuelven lo que está sobre la tierra, ocasionando daños al por mayor.

Las autoridades se apersonan como usualmente lo hacen, a destiempo y con las manos vacías. Eso sí, con las promesas a flor de piel, presumiendo que pronto la ayuda vendrá, si no es que ya están entrando los camiones cargados de alimentos a la ciudad. Lo patético de todo esto es que las personas dañadas por el sismo no tienen más remedio que esperar la ayuda de particulares que llega a cuentagotas y de muchas cosas que no se ocupan, por ejemplo: destapacaños, limpiadores de vidrios, franelas, en fin lo menos que uno pueda imaginarse. En estos casos la ayuda humanitaria que se refleja en la entrega de víveres enlatados, agua, cobijas, colchonetas, plantas generadoras de electricidad de combustión interna, gasolina, aceites, huevos, sartenes, leches en polvo, leches en cartón, arroz, sal, azúcar, galletas, en fin, usted sabrá más que yo, lo cierto es que todos debemos enfocarnos en cómo hacer llegar nuestra ayuda de manera precisa, pues si la dejas en manos de alguna institución de gobierno, esta nunca será entregada. Se pierden millones de toneladas de ayuda en manos del gobierno, no lo invento, los hechos siempre salen a relucir y esto ha sido una práctica común. Los damnificados, que por cierto son muchos, deberán sobrevivir de alguna manera, lo propio es que con la ayuda del gobierno, si fuese expedita, sería suficiente, la verdad es que no hay que depender de las dependencias de gobierno si queremos que salgan con vida de ese desastre natural. La solidaridad será un valor que se aprecie en estos momentos tan intensos de dolor y desesperación. La pregunta que surge de todo esto es: ¿con quién o con cuales apoyos contarán los damnificados para levantar de nuevo sus viviendas? Así sea.

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