"¡Estamos contigo México!".

ALFONSO ARAUJO

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

Ayer, en la noche de México, recibí llamadas de amigos de la Ciudad de México y Puebla; el temblor acababa de terminar hacía cinco minutos y estaban tomando azúcar para el susto. Veinte minutos después, por supuesto empecé a recibir chistes por Whatssap. Al día siguiente en la página electrónica de El Universal, bajo el encabezado de que el Presidente declara luto nacional y el Gobierno se apresta a enviar ayuda, hay un enlace a una página donde se muestran los memes que circulan por las redes sociales.

Esto no sorprende; sucede desde siempre cada vez que hay cualquier acontecimiento de primera plana: el 7-0 contra Chile, las amenazas de guerra de Trump, la muerte de Lady Diana, el huracán Gilberto que arrasó Monterrey. Nada ni nadie se salva jamás y tampoco son burlas que hacemos en privado. Recuerdo que cuando el Temblor de la Ibero en 1979, el periódico El Porvenir de Monterrey publicó dos días después este epigrama que nunca me he podido sacar de la cabeza: “La Ibero se derrumbó / por falta de solidez”, / y Luis de Alba exclamó, / “Fue un temblor naco, ¿ves?”

Se ha escrito mucho de esa fascinación y burla que hacemos de la muerte. Octavio Paz habla del tema en su Laberinto de la Soledad (1950): de cómo disimulamos y de cómo usamos el humor extremo como “salida” a ciertos traumas históricos; la verdad es que nunca he visto una explicación que me satisfaga. Muchas culturas han incorporado el estoicismo ante la tragedia (Japón, Europa del Este, Rusia) y la burla ante el espanto es un fenómeno universal, pero nunca he visto un paralelismo con la falta de empatía que existe en el macabro humor mexicano. En EU ya se hacen chistes de las Torres Gemelas, pero nadie habría pensado hacerlas al día siguiente; en Francia hubiera sido impensable hacer chistes del atentado de Charlie Hebdo. En China, la filosofía taoísta es famosa por tener en su historia a muchos filósofos borrachos y provocadores que se burlaban de todo, pero al examinarlos vemos que sus burlas son parecidas a las de Voltaire y de muchos otros reformadores sociales: sátira y crítica a las convenciones sin sentido y a la hipocresía. 

El humor mexicano se crece cuando es más cruel; y esto contrasta con la realidad de la gente que espontáneamente ofrece ayuda ante la tragedia. Nuestras acciones y nuestras vías de escape son de una bipolaridad sorprendente. Durante muchos años he tratado de explicar esto a extranjeros, pero cuando ven los memes de nuevo, volvemos a ser incomprensibles.

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