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ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

ARTURO SANTAMARIA

Cuando todo parecía indicar que Morena no tendría en Sinaloa candidatos al Senado potentes y más cercanos a su perfil ideológico, aparecieron los nombres de Tere Guerra y Rubén Rocha Moya. En el partido encabezado por el Peje había muy pocos convencidos de las bondades políticas que les podrían llevar Gerardo Vargas y Héctor Melesio Cuén. Ahora las aguas vuelven a su cauce y los morenos respiran más satisfechos, sin que eso quiera decir que no haya descontentos.

Por lo pronto, si Vargas y Cuén utilizaban como carta de negociación con el PRI las posibilidades de marchar con Morena, estas quedan prácticamente clausuradas con la aparición de Rocha y Tere en el escenario electoral del partido hasta ahora favorito para habitar Los Pinos a partir de 2018. Si las posibilidades de Vargas de ser candidato con Morena o el PRI eran muy reducidas ahora son menos. Y las de Cuén se debilitan porque se reduce a la opción con el PRI, sin que nada sea seguro para él, aun con todo y fotos y encuentros con Quirino porque el Gobernador no decide solo. Aquí la palabra mayor es de Peña Nieto, consultada con su candidato a la Presidencia y el presidente del PRI. Si Meade es el ungido del atlacomulquense, a pesar de que Mario Zamora aspira a más, este podría ser la candidatura masculina del tricolor al Senado.

La matriz ideológica original de Rubén Rocha y Tere Guerra es la misma, proceden de la izquierda mexicana que empezó a cobrar fuerza entre universitarios, normalistas, movimientos campesinos y sindicalistas en los años setenta. Incluso militaron en la misma organización política y coincidieron en la UAS. Ambos fueron candidatos a puestos de elección popular por el PRD, tienen una sólida formación profesional, los dos son doctores, y exhiben una destacada trayectoria en los ámbitos públicos. Incluso coinciden en la incursión periodística, ya que Rubén fue articulista en Noroeste al igual que Tere, y ella lo sigue siendo en El Debate.

Tanto Rubén Rocha como Tere Guerra dejaron de militar partidariamente pero no se marginaron de la política. Por ejemplo, Tere esperanzada en que la alternancia en el Tercer Piso pudiera traer cambios favorables en Sinaloa apoyó activamente la candidatura de Malova. Pronto se decepcionó de ese Gobierno como claramente lo revelan sus análisis periodísticos.

Rubén Rocha Moya políticamente se separó del PRD y poco después se integró a la campaña de Jesús Aguilar Padilla; al triunfo de este se convierte en su Jefe de Asesores. Rocha también se aleja del pensamiento socialista y se acerca al liberalismo social. Su tesis de Doctor en Ciencias Sociales versa sobre el liberalismo mexicano.

En términos ideológicos su conversión al liberalismo social, en el contexto de la crisis mundial del socialismo soviético y la práctica extinción del socialismo marxista en el PRD y en Morena a favor de una versión contemporánea del nacionalismo revolucionario y el liberalismo social, doctrinas que predominan en Morena, lo habilitan para acercarse al proyecto que encabeza López Obrador. No deja de ser interesante que para Jesús Reyes Heroles, uno de los intelectuales más rigurosos e importantes que ha tenido el PRI, veía una gran cercanía entre el nacionalismo revolucionario, la ideología que imperó en el tricolor de Lázaro Cárdenas a López Portillo, y el liberalismo social que él proponía para reencauzar al PRI en una nueva época; pero Reyes Heroles fue ignorado por el PRI tecnócrata porque el otrora partidazo adoptó un recalcitrante neoliberalismo mucho más cercano al PAN que al PRI histórico.

Tere y Rocha son dos intelectuales que vuelven a coincidir políticamente a través del prisma pejista. La doctora Guerra siguió actuando de manera independiente y Rocha en dos gobiernos priistas. No sorprende que Rocha se sume a la propuesta de López Obrador, debido a sus antecedentes ideológicos y partidarios, pero sí que lo haga siendo funcionario de un Gobierno priista. Nada menos que Jefe de Asesores del Gobernador. Van a haber priistas que se incorporen a la campaña de Morena, pero quizá no vaya a ser tan común que lo hagan altos funcionarios de gobiernos del PRI.

Ahora bien, no deja de ser sorprendente, al menos recordando las viejas maneras de gobernar, que Quirino no le haya pedido la renuncia a Rocha y que declare que respeta su decisión personal de hacerlo. Ante esta postura hay dos interpretaciones: una es de varios columnistas, la cual sostiene que la postura de Rubén fue acordada con el Gobernador para abrir un posible puente de entendimiento con un eventual Gobierno morenista en Los Pinos, y la otra dicha por el propio Rocha: el Gobernador tiene una actitud tolerante, “moderna” dice el ex Rector de la UAS, porque él estaba enterado de su amistad con El Peje y porque sabe aceptar una decisión muy personal.

Al margen de lo anterior, lo cierto es que la aparición de los nombres de Rubén Rocha y Tere Guerra, junto al de Imelda Castro y otros que seguramente irán apareciendo en los próximos días, fortalecen la posibilidad de más votos en Sinaloa para Morena en 2018.

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