"¡Estamos contigo México!".

JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

JUAN ALFONSO MEJIA

KRATOS

En el México del Siglo 21 persisten prácticas que venimos arrastrando de los tiempos del autoritarismo mexicano y que ha sido imposible erradicar. Símbolos en los que el presidencialismo mexicano se alzaba por encima de todas las instituciones para evidenciar al Tlatoani del sistema. Momentos en los que la República se evidenciaba como parte de una farsa y el equilibrio de poderes quedaba desdibujado. Luego de atestiguar la entrega del Quinto Informe de Gobierno de la presente administración, uno se preguntaría qué tanto hemos cambiado. En esencia sigue faltando un ingrediente: rendición de cuentas.

El 1 de septiembre es el día en que constitucionalmente el Jefe del Ejecutivo entrega al Poder Legislativo un informe sobre el estado que guarda la Nación. Lo hace ante el Congreso de la Unión por ser el recinto de los representantes del pueblo mexicano. Sin embargo, el informe es insuficiente como ejercicio de rendición de cuentas hacia la ciudadanía dada la falta de transparencia en la mayoría de la información presentada. Me explico. 

Luego del “festín” de datos anunciados por el Presidente de la República en su informe de Gobierno, ¿con qué nos quedamos? 

La respuesta a esta interrogante varía seguramente por sector, me limito a la variante educativa donde es preciso aclarar: cuantificar NO es mejorar. 

El informe reconoce el rol del Estado mexicano para vigilar la calidad de la educación, aunque no por ello ofrece ninguna garantía para que así suceda. En la casi interminable lista de cifras, porcentajes e indicadores no se percibe un progreso en la construcción del derecho humano a la educación. Al revisar el texto, se proyectan una serie de datos que pretenden representar un avance, pero en realidad son sólo números. La fuente suele ser siempre la misma, la Secretaría de Educación Pública, con información que NO ha dado a conocer aún, lo que impide contrastarla con otras fuentes y monitorear los procesos por parte de otros actores sociales (medios de comunicación, organizaciones de sociedad civil y/o académicos). 

El dato debe contar siempre una historia, de lo contrario su utilidad está seriamente limitada. La información presentada por el Presidente en su informe parece y aparece como una suma desenfrenada de acciones, ausentes de sentido y con el mínimo rigor hacia la edificación de un objetivo. Muy probablemente, lo anterior es sólo expresión de un viejo vicio: la renuencia a rendir cuentas. 

Algunos ejemplos son ilustrativos en este sentido:

  1. Ninguno de los datos presentados tiene una relación clara con el aprendizaje de las niñas, los niños y los jóvenes. La reforma al Artículo Tercero Constitucional es en esencia una modificación a favor del derecho a aprender de todas todos. ¿Qué sentido tiene que se den a conocer cifras que hablan de la cuadruplicación de las Escuelas de Tiempo Completo (TC) entre 2012 y 2017, si no se presenta evidencia alguna sobre el grado de aprendizaje de quienes forman parte del programa? Este mismo ejercicio se repite con las escuelas al Cien, la formación docente, los libros de texto gratuitos, el Programa de Tecnologías de Información, entre otros. 
  1. Para la ciudadanía es difícil conocer cómo vamos cuando no se le dice lo que se está buscando. El informe en materia educativa destaca por su ambigüedad a la hora de fijar metas claras en un lapso de tiempo específico. 

“Capacitar” a 33 mil 115 maestros y directores en convivencia pacífica, ¿es mucho o es poco?; en términos absolutos, estamos hablando de 3 por ciento del número total de docentes. Contar con 21 mil 579 tutores “en función”, ¿es suficiente para el número de nuevos ingresados en los últimos dos años (por lo menos 50 mil), más con los resultados insuficientes en la evaluación de desempeño de 2015-2016 (casi 20 mil)?

  1. La calidad de la información utilizada se caracteriza por su imprecisión. Existe información contradictoria, utilizada de manera indiscriminada en ocasiones distintas y con propósitos diversos. Incluso, en más de una ocasión se lee: “no se tiene el dato”. Si el Gobierno de la República no tiene la información, ¡¿quién sí?! 

Al hacer referencia al Programa Nacional de Inglés (PRONI) se lee: “Durante el ciclo escolar 2016-2017 fueron distribuidos 17 millones 724 mil 260 materiales”. Aunque más adelante se menciona: “durante el ciclo escolar 2016-2017 se distribuyeron 7 millones 827 mil 308 materiales”. ¿Cuál fue el dato correcto y para decir qué?

Sin duda, puede tratarse sólo de un error, aunque cuando habla del número de personas que han participado en los “procesos de evaluación en lo que va del ciclo escolar de 2014-2015 al 7 de agosto del 2017, utiliza la cifra de 1 millón 085 mil 369 personas, sin distingo alguno de ingreso, promoción o diagnóstica. Falta precisión. 

La conquista de todo derecho humano es progresiva, esto es más y mejor. El dato por sí mismo impide conocer más sobre los resultados esperados a partir de la multiplicidad de acciones emprendidas, generalmente por las autoridades. Es necesario evaluar los programas y las políticas implementadas para conocer si la cifra, el porcentaje y el indicador nos dice algo más sobre el derecho a aprender de la niñez y juventud en México. 

Cuantificar no es mejorar, si lo que se desea es un genuino ejercicio de rendición de cuentas de cara a la ciudadanía. De lo contrario, ¿a qué otro propósito sirve? 

Que así sea. 

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