"¡Estamos contigo México!".

ERNESTO ALCARAZ VIEDAS

Ernesto alcaraz v

COLUMNA VERTEBRAL

En los últimos 30 años hemos dado pasos relevantes a la participación ciudadana, pero a todas luces han sido insuficientes. Atravesamos por una crisis ética, de Visión y Compromiso de la Clase Política Nacional y un debilitamiento constitucional e institucional, en el que el Estado de Derecho pende de un hilo. Componentes que debilitan la gobernanza, cuando los partidos políticos operan con deficiencias en cuatro escenarios fundamentales:

UNO: Actúan como organismos de interés público para obtener el poder, a través del voto en las urnas. Pero el aprecio ciudadano decae en cada elección, y la participación electoral, cada vez es más evasiva. No hay confianza y sí mucho distanciamiento entre partidos y electores. El distanciamiento con el ciudadano, aunque con el tiempo venga la reconciliación, los hace inestables porque permite el voto golondrino.  

DOS: Representan a la ciudadanía y a los estados en las Cámaras de Diputados y Senadores del Congreso de la Unión con el fin aprobar leyes para la correcta convivencia social y la regulación de las diversas áreas de las actividad ciudadana. Y en lo interno, cooperar a la gobernabilidad. Pero lo acontecido en las últimas semanas, dista mucho de lo que señalan sus ordenamientos internos.

TRES: Ya constituido como gobierno, cimentan sus programas y acciones destinados para el bienestar de la población, y la población exige gobiernos eficaces y confiables. Pero resulta que la última encuesta publicada por Gabinete Estratégico, la ciudadanía dicta que de 32 gobernadores, 30 están reprobados.

CUATRO: Tienen representación en los Órganos Electorales para supervisar el desarrollo de los procesos comiciales, desde el nombramiento de los institutos locales, la redistritación electoral, la integración de las mesas directivas de casillas y representantes de partido, culminando con la depuración del Listado Nominal. Pero por omisión, indolencia o consigna optan por la denuncia y la descalificación hacia la autoridad electoral.

Las diferencias políticas son naturales en un sistema plural, pero hoy se acreditan graves manifestaciones abruptas y dolosas, impropias y grotescas que nos llevan al encono social. Y se “amontonan” a niveles no deseables, los agravios y el engaño. Lo que se aprecia es que el acuerdo y el consenso no se han podido constituir en prácticas sustantivas de la política ni en el ejercicio legislativo. El desfiguro y la actitud desenfrenada de algunos tribunos el pasado 1 de Septiembre, dan cuenta de ello.

Las discrepancias en estas semanas en la arena política y en el congreso se acumulan más que por enfoques distintos, por los intereses y consignas electorales. y por eso la crítica pública que los partidos desatiendan sus espacios de responsabilidad cuando son consustanciales para fortalecer la democracia social.

Es lamentable que votemos por representantes y gobernantes muy bien presumidos, para luego percatarnos de su inadmisible comportamiento en el ejercicio de sus funciones.

Si la modernidad política reclama nuevas prácticas políticas en su ejercicio, la realidad es que vivimos una regresión colectiva. Retroceso en las conductas que acusan a los que nos representan, quienes nos gobiernan y los que tienen la potestad jurídica de nuestra seguridad personal y patrimonial. La tentación electoral cede a la sensatez política.

A escasas 72 horas de que se convoque a elecciones federales y escasos días para que los Congresos Locales resuelvan lo propio para elegir gobernadores, en 9 estados, y presidentes y diputados en casi la totalidad de las entidades, los ánimos se exacerban y la confrontación social está en el filo de la navaja. Lo grave es que son los propios partidos políticos y sus grupos parlamentarios, dirigentes y aspirantes quienes con sus actitudes y posicionamientos inadmisibles y ramplones alimentan el encono y la inconformidad social.

Lo sucedido el pasado 1 de Septiembre, hay que decirlo, fue decepcionante. No merecemos tener legisladores de la talla de algunos de los emisarios que enviaron los grupos parlamentarios a usar la máxima tribuna legislativa para insultar y descalificar a sus pares con actitudes extravagantes, grotescas y propagandísticas. Ni tampoco avalar el comportamiento que asumieron la mayoría de los legisladores. Obvio decir contra el Presidente, porque es un ambicioso cálculo electoral.

Y me pregunto: ¿cómo es posible que el discurso político cotidiano sea la condena de quienes atentan contra la libertad de expresión, si en el Pleno Legislativo sus integrantes encargados de ponerla en práctica restringieron, innumerables veces, ese mismo derecho a sus colegisladores endilgándoles los peores calificativos? Es cierto que las barbaridades, consignas y acusaciones al por mayor de los “tribunos” orillaron al desorden. De verdad, ¡Qué pena!

El descontrol de la política electoral está carcomiendo el funcionamiento de las Instituciones y desdoblando los ordenamientos constitucionales. Resulta insólito que esa misma sesión haya tenido que ser coordinada por la Directiva del período anterior porque no pudieron nombrar o designar la directiva en turno. Sí, hay crisis, y no sólo es política, es ética. Pero porque muchos miles lo festejarían, había que echar a andar la maquinaria del desprestigio propio y ajeno. Advertimos que la rudeza parlamentaria ha roto con la sensatez y el orden Legislativo.  

¿Qué nos pasó? ¿En qué momento se rompió la frágil cordura parlamentaria que existía entre los grupos y personas con plena “convicción democrática”, y los “peores grupos de interés”? Ante esa falta de mesura y entendimiento, la crisis política se está imponiendo. Urge ir al rescate del orden político y el respeto parlamentario y pavimentar la ruta del 2018 hacia una elección ordenada y civilizada.