"¡Estamos contigo México!".

AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL

Cuando se aspira a niveles más altos de calidad de vida y a contar con ambientes promotores del desarrollo social e individual, se vuelve estratégico cuidar los procesos de formación cívica en las personas. 

Paulo Freire, educador brasileño de talla internacional, sostenía que las aspiraciones más viables de una sociedad eran las que iban acompañadas de un plan celoso de formación de las nuevas generaciones; con ejercicio pleno de su libertad de pensamiento, habilitado y dispuesto para el diálogo constructivo.

Y simplificaba la compleja y costosa tarea de “reeducar” con el llamado a la manifestación de los mejores ejemplos y el análisis franco de sus implicaciones. Formar personas con identidad personal sólida y sentido inquebrantable del valor de lo colectivo.

De ahí que muchos especialistas propongan que los gobiernos inviertan más en la formación ciudadana de las nuevas generaciones y se aseguren hacerlo en ambientes con aplicación plena del estado de derecho. De hecho, la ONU tiene declarada como una de sus prioridades la formación ciudadana y la organización social para la corresponsabilidad en la toma de decisiones trascendentes.

La orientación de este organismo no es fortuita, se fundamenta en la evidencia que delata la descomposición interna de las relaciones sociales en varias regiones del mundo. Una condición que se ha ido deteriorando por el descuido de los principios de colectividad, interdependencia y solidaridad y la acentuación del consumismo y la obtención de bienes materiales para el “beneficio” individual.

Sus estudios indican que los grupos sociales y las naciones de mayor influencia han concentrado sus intereses y acciones en el mercado y la producción de mercancías y han promovido modos de vida que desvirtúan el sentido de la codependencia. Con manifestaciones agravadas en las nuevas generaciones, que interpretan el bienestar como condición de la persona (individuo) y el desarrollo como sinónimo de la acumulación de satisfactores materiales.

Han tenido que pasar muchas décadas y se ha tenido que reunir mucha evidencia para que organismos como la ONU reconozcan que la lucha de mercados y el consumo indiscriminado, y hasta compulsivo, acelera la descomposición interna de las sociedades. Una descomposición que ha permeado hasta las tareas sociales de más importancia como la educación. A tal grado de concentrarse casi exclusivamente en la formación técnica y descuidar la formación de la persona y el cultivo de su potencial humano.

Las consecuencias son múltiples. Fenómenos de frecuencia creciente como la violencia y la deserción escolares, el suicidio infantil y juvenil, o la adicción a las drogas, son ejemplos de un estado de cosas cuyo pronóstico es negativo en todos los sentidos.

Muchos expertos en ciencias sociales coinciden en que el futuro de la humanidad obliga a mantener un desarrollo científico y tecnológico como el que se lleva, pero con un cambio radical en los procesos de formación social de las personas.

Demanda un esfuerzo grande para cambiar la mentalidad materialista, de corte individual, por una que de mayor énfasis a la formación espiritual (sobre la esencia humana) y el sentido de colectividad.

Esa es la dirección que propone la ONU. Incrementar los esfuerzos de las naciones por lograr una educación que haga de las personas entes sociales con claro pensamiento individual, conciencia sobre sí mismo y sobre la codependencia que le confirma. Una educación que facilite a las personas reconocerse y valorarse como individuo, al mismo tiempo que asumir con responsabilidad los criterios, principios y valores que le exige su condición social.

La educación ciudadana debe dirigirse a lograr que todo individuo se sienta pleno para pensar y actuar con libertad, aceptando que sus límites están determinados por la condición de los otros y sus derechos. Que el desarrollo individual sea el producto de la aplicación de su potencial, sin detrimento del de los demás, como personas o como nación.

Hay que empezar por asegurar que en las escuelas y las familias se viva eso. Las familias deben intentar que todos sus integrantes vivan derechos y obligaciones por igual. Deben tomar medidas para que reconozcan y respeten las reglas que las rigen.

Las escuelas deben instalar modelos de enseñanza que habiliten la expresión individual de intereses, expectativas y necesidades, al mismo tiempo que instalen vida democrática interna. Deben entrenar a sus estudiantes para actuar creativamente en un marco normativo claro y justo.

  

Es difícil pensar que de otra manera se logre remontar los efectos de la descomposición social que hemos alcanzado. Será más efectivo y más rápido, aunque esté plagado de dificultades, como la de asegurar ser ejemplo para ello, ¿O usted qué opina?

@ambrociomojardi

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