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JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

JUAN ALFONSO MEJIA

KRATOS

El quinto es el informe más complejo de todo presidente, estás pero ya nadie te ve. Tú eres el único orador del evento, pero en realidad ya nadie te escucha. Todos están atentos a tu circunstancia y a quienes te rodean, aliados como opositores, pero ya no a ti; ven lo que se esconde detrás de ti o lo que te espera. Eres, en pocas palabras, el recuerdo de lo que ya no será.

Peña Nieto no es la excepción a la regla, sobre todo no la excepción. Hablar sobre lo que dijo el Presidente sería malgastar este espacio –ya nadie lo escucha-, no así las condiciones –su circunstancia– en la que llega a defender su gobierno.

El Presidente de la República llega a su año más difícil sin estrategia para renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLC), asilado de las causas de trascendencia para el futuro del País, divorciado de la sociedad civil autónoma y concentrado, ante todo, en mantenerse a flote al final y, después de su administración.

Primero, el TLC cumple su segundo día de negociaciones en territorio mexicano. Luego de haber pisado suelo estadounidense, las conversaciones continúan en medio de los twitters beligerantes de la parte de Donald Trump. Estados Unidos parece querer suspender las negociaciones y México aparece inmovilizado ante esta estrategia. En lugar de impulsar una agenda integral que involucrara el aspecto migratorio y del narcotráfico, nos hemos limitado al aspecto comercial. El pronóstico, a juzgar por el propio Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, se antoja de pronóstico reservado.

Segundo, al Secretario de Gobernación le fue imposible entregar el Informe al Poder Legislativo porque en el Congreso de la Unión aun no se ha integrado la Mesa Directiva. La razón se debe a la falta de consenso entre las diversas fuerzas políticas ante lo que parece ser un albazo de parte de unos senadores del PAN y las fracciones del PRI y el Verde para aprobar el nombramiento del actual Procurador General de la República (PGR) como el Fiscal Anticorrupción de México por los próximos 9 años. De aprobarse el nombramiento de Cervantes, el Sistema Anticorrupción de México perdería toda credibilidad.

Tercero, con porcentajes de popularidad por debajo del 30% de los mexicanos, el Ejecutivo federal es acusado de lanzar la fuerza del Estado en contra de aquellos que cuestionan sus planes. El “nuevo PRI” resultó contar con prácticas mucho menos democráticas que aquellos de finales del Siglo 20. Ver para creer. El último de una extensa lista es Claudio X. González, presidente de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, señalado por meterse “demasiado” con temas de corrupción que “no le conciernen”. Como él, acusan de espionaje a la actual administración otros tantos miembros prominentes de Sociedad Civil y reporteros, semejantes entre sí por su deseo de mantenerse autónomos. Si no es cooptable, no es confiable; si no es confiable, es enemigo.

Cuarto, el PRI es un partido de “puertas abiertas”, pero si necesita cerrarlas lo hará. Es así de sencillo. Con cuatro secretarios de Estado perfilados, Peña Nieto piensa en quién le garantizará su tranquilidad. Ya no se limita a señalar las amenazas del pasado, en franca alusión a Andrés Manuel López Obrador, sino a la importancia de mantener “la transformación en marcha”. A estas alturas, el juego de la sucesión presidencial es lo que ya está en marcha, le resta ejecutarlo. Todo apunta hacia finales de noviembre o principios de año.

Así llega el Presidente, pero no estará de más preguntarnos en otro entrega ¿cómo llegamos los mexicanos con Peña Nieto?

Que así sea.

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