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JESÚS ROJAS RIVERA

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Ya en otras entregas les he comentado sobre mi gusto por la historia, sobre el origen de lo que somos. Hace tiempo encontré un texto del célebre historiador sinaloense Antonio Nakayama que habla sobre las tribus prehispánicas que habitaron nuestra región. La presente columna pretende mostrar algunas características de la cultura del noroeste arraigadas en Sinaloa. ¿Qué tanto nos parecemos a nuestros antepasados?

Somos el legado de un pueblo de frontera; nuestra región, la del noroeste de México comprendida por los linderos del estado de Nayarit, Sinaloa y Sonora, fue la línea divisoria más extendida de Mesoamérica y Aridoamérica, como debe usted saber esta línea no se demarca con un trazo reglamentario y formal, es más bien intermitente, amorfa y dispersa. Diversos autores suponen esta división en los márgenes de los ríos que hoy cruzan la ciudad de Culiacán, para entonces limitada a un pequeño caserío aborigen.  

En tiempos precolombinos la región se compartió por múltiples etnias, cada una de ellas nos heredó características que podemos encontrar en nuestro comportamiento. Ciertamente no existen estudios formales de la sociología y la antropología que expliquen con detenimiento el fenómeno, pero esta breve aproximación histórica nos puede dar un poco de luz para plantear un punto de partida.

Tahues, totorames, acaxees, xiximes, achires, tamazulas y sobre todo cahitas fueron los herederos de nuestros más arraigados comportamientos. De los tahues por ejemplo tomamos el gusto por la agricultura y la innovación en el campo, entonces como hoy la tierra era la fuente primaria del alimento, esta sedentaria cultura aprendió a diversificar sus siembras, no se limitaron al maíz, exploraron con algodón, chile, calabaza, frijol y guayaba. Eran también trabajadores incansables que no dejaron de practicar la recolección y el tejido de prendas. Los tahues fueron el pueblo más inteligente y noble del que se tenga registro en estas tierras, fueron los pioneros en la innovación al campo, tal vez desde entonces nos dibujamos en el futuro como el granero de México. 

La herencia más clara de los totorames son los negocios, eran hábiles para intercambiar y mercar bienes que ellos producían o transformaban casi de manera exclusiva, como la sal, el tabaco, conchas y mariscos. Sus sistemas de transporte facilitaron el comercio, tenían también la habilidad para aprender diversas lenguas a fin de ampliar los mercados. En nuestros tiempos la región tiene empresas muy importantes que son competitivas a nivel internacional, los empresarios del noroeste son arriesgados en los negocios y constantemente se les reconoce su capacidad para abrir y conquistar mercados.

De los acaxees y xiximes, el historiador nos cuenta de su arrojo y disposición para la guerra. Eran antropófagos, es decir, se comían a los enemigos muertos en combate digno, no por un fin alimentario sino por cuestión ritual, al terminar la guerra se organizaban fiestas y comilonas en las que tomaba parte toda la comunidad. 

A los sinaloenses nos etiquetan como violentos, fiesteros, sinceros, apostadores, trabajadores, agresivos y prestos a la embriaguez. De las mujeres se dice que gustan mucho de cuidar su apariencia personal, demostrar sus atributos de belleza, coquetería al punto de frivolidad, y estos rasgos también los encontramos en nuestros orígenes prehispánicos. Luego le seguimos...

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