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OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

El término o la palabra apocalipsis, puede llevarnos a entender el fin de algo. Lo que estamos viendo en el mundo, lo que estamos viviendo actualmente en la significancia del término o para los extremistas es indicador de que el mundo se vaya a acabar o destruirse o modificarse o establecerse un nuevo orden de cosas. Sin ser catastrófico, pero si algo contundente, en la necesidad de dar cuenta del agotamiento de un sistema de cosas, vemos subir el nivel de lo que consideramos desorden, en ese sentido el actuar de los gobiernos, a nivel mundial, de manera errática se ha convertido en un indicador sensible que fácilmente pasa del verde al rojo, alertando al mundo de una posible situación de alto riesgo para todos. Habremos de decir que, en todos los sentidos, cada nación tiene un sistema de alarma que alerta a sus pobladores a considerar la realidad como una oportunidad para revisar lo que está pasando y resolver la problemática de acuerdo al sentir de los interlocutores que gobiernan ese estado de cosas. México como muchos otros países emergentes vive condiciones extremas de gobernabilidad. En palabras sencillas sería esa capacidad de interlocución entre el estado y el pueblo. En tanto las demandas sociales no sean resueltas por la capacidad o incapacidad del estado/gobierno entonces estaremos en un desequilibrio. El estado debe asumir una responsabilidad que de manera legítima se asume para responder eficazmente, de no ser de esa manera y su respuesta es insatisfactoria para el pueblo, entonces algo debe hacerse. De lo anterior se desprende que la ingobernabilidad que se obtiene de la incapacidad de dar respuesta legítima y eficaz por el estado, es cada vez más intensa. Lo que nos lleva a mejorar las políticas públicas o quitar las ya existentes e imponer nuevas que aseguren resultados positivos. La urgencia de instalar en México, en un sentido estricto, la gobernabilidad es precisamente por la respuesta del estado que carece de eficacia y eficiencia en cuyo caso no han bastado los acuerdos de los sectores que se involucran en el país, en ese sentido, los políticos en sus partidos, los empresarios en sus cámaras y la ciudadanía en sus organizaciones no han sido capaces de priorizar lo esencial para nuestro país. Al paso que vamos es seguro que el apocalipsis nos llegue primero a México que a otros lugares distantes del mundo. Las debilidades de nuestro sistema han quedado al descubierto al infringir la ley para favorecer a terceros, olvidando que la ley se instala para protegernos de las inequidades del propio sistema. Para todos o casi todos es bien sabido que las instituciones le dan vida a un país y si nosotros damos al traste pretendiendo hacer lo que nos venga en gana es claro que colapsará el sistema. También sabemos que no fuimos cuidadosamente precavidos para sostener un sistema equilibrado que redujera las inequidades propias de todo país. Abrimos la caja (tinaja ovalada) de pandora y de ella han salido todas las sorpresas (males) inimaginables. Para sorpresa del lector en esa tinaja está también la esperanza aunque muy en el fondo. De allí que debemos esperanzarnos a que algo pueda cambiar en este sistema agotado de cosas. Así sea.

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