"¡Estamos contigo México!".

SERGIO RAMÍREZ RIVERA

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2DA. PARTE DE 3)

  • El Endurecimiento de la política criminal y los riesgos en el aumento de violaciones a los Derechos Humanos
  • Sobre las violencias, las “otras violencias de estado
  • Hay cerco roto y rompimiento del estado de derecho
  • La estrategia de El Miedo social

Las violencias de estado, que no sólo son las que tienen que ver con el uso de la fuerza para respetar y hacer respetar el marco de legalidad y constitucionalidad. Lo mismo que en el tipo de política criminal que los propios (des)gobernantes se determinan a ejecutar, sea a través de las fuerzas castrenses, el Ejército y la Marina, como con las policías federales y estatales, lo mismo que con las Corporaciones policiales municipales.

 

Política criminal de mano dura

De entre las mismas violencias de estado, resulta oportuno señalar hasta los Códigos penales, donde no sólo los tipos delictivos, sino la temporalidad y endurecimiento de las penas corporales que se imponen a los individuos que han sido juzgados y encontrados culpables, en más de las veces violentan el propio Marco de Constitucionalidad y legalidad. Igual llega a pasar cuando como ahora, con las recientes reformas a los Bandos de Policía y Bien Gobierno en Sinaloa, están determinados a incrementar exponencialmente las sanciones económicas de las infracciones al Bando que lleguen a cometer cualesquier miembro de la población. Esto se afirma, con el único propósito de “mejorar la prevención de las conductas antisociales y los delitos” en los municipios del estado. De ello, lo que se puede adelantar es que las autoridades ha optado por el endurecimiento de la política criminal, no obstante que con ello se vayan a violentar los Derechos humanos de los gobernados y los ya de por sí, cercos rotos que llegaron a configurar los límites del estado de derecho en la entidad.

 

Las violencias de estado

Dada la significante importancia que han tenido en los últimos tiempos, en cuanto a que se les apunta como factores incidentes en la amplia fenomenología emergente de tensión y violencia social en todo ámbito de socialización de los diferentes colectivos, las políticas económicas neoliberales, las políticas de salud, de educación…; y otras más que, como la deficiente y/o cuasi nula política a favor de la generación de empleos dignos frente a una imparable y creciente precarización del salario y consecuente empobrecimiento de la población, llegan a ser producentes de ambientes de discriminación, exclusión y marginación social, los que finalmente van a traducirse en escenarios de violencias. Condiciones estas que por otra parte, propician el MIEDO social entre la población económicamente activa ocupada y que ante el estado de crisis social y económica, provocan entre la población empleada, la incertidumbre y la angustia de los riesgos de la inseguridad laboral y pérdida del empleo.

Como se puede ver, son estas condiciones de cuyos escenarios el propio puede llegar a ser su principal promovente. Y esto es, en cuanto al contexto de “las violencias” que actualmente nos afectan. Y que para los investigadores académicos y en particular los criminólogos, le son de significativa importancia, en tanto que en su estudio y análisis, se alcanza a dimensionar el impacto y sus consecuencias en la psique individual y en la de los diferentes colectivos, sea por edad, sexo, estrato social, cultural y económico, lo mismo de analizar el alcance de su impacto en la conducta individual como en la acción de los colectivos. Para los investigadores académicos y en particular para los criminólogos, en el estudio de las violencias que afectan a la sociedad en todos su ámbitos sociales, políticos y económicos, a más de los ámbitos y actores de la misma naturaleza; deben incluirse por fuerza, las violencias de estado y no sólo las tradicionales ya conocidas, sino las “otras” que en la contemporaneidad de nuestro tiempo, están resultando mucho más agravantes que la misma delincuencia tradicional, en cuanto a la dimensión masiva de su impacto y sus consecuencias. Por ello, es de igual o mayor importancia en el análisis criminológico, el papel que ejerce el estado como actor producente, no sólo de las violencias, sino de la inducción del MIEDO social y su utilidad en las políticas públicas de control social del estado.

 

Impunidad e ingobernabilidad

Por último y no por ello, menos importante, se tiene al emergente fenómeno de la perversión de los principios de gobierno y subsecuente problemática de Quebrantamiento Estructural y consecuentemente, el debilitamiento de las instituciones y la emergencia de condiciones reproducentes de IMPUNIDAD política y criminal, lo que entre otros aspectos, van configurando las características propias de ingobernabilidad. Lo que por cierto, ninguna de estas condiciones vienen a abonar a la Democracia. Conceptos que si bien, para algunos resultan inaceptables y difieren en su aceptación, en tanto que conllevan de manera implícita y explícita la visión crítica para aquéllos titulares y demás representantes de las instituciones del estado y que en cierto tiempo y en su caso, fueran responsables de los desgobiernos en comento. Individuos que por cierto, hoy en día la sociedad sinaloense ha venido identificando y refiriendo directamente, en tanto que se presuma públicamente de que llegaron a incurrir en excesos y abusos de autoridad, corrupción y abuso de la confianza ciudadana. Actos todos, propiciantes del desgobierno del pasado régimen estatal y que fomentara el desgobernante Mario López Valdez.

 

Hay Cerco roto y un abierto estado de indefensión social. Corrupción y perversión de principios del buen gobierno

Por otra parte, los límites que en otros tiempos existieron y que fueran dispuestos si bien por una relativa observancia al marco de legalidad, fueron de gran utilidad para configurar los márgenes necesarios para contener a la criminalidad, manteniéndose como cercos divisorios. hoy en día, la perversión de la gobernación del poder, la corrupción que ha corroído a las instituciones y provocado el quebrantamiento de las estructuras del estado; igual que ha provocado el estado de indefensión social en que se encuentran los diferentes colectivos sociales, en tanto la permanente reproducción de ilegalidades, muestran de manera franca y abierta, el rompimiento de esos límites, exponiendo cercos rotos por donde la impunidad prevalece y propicia el aumento de ingobernabilidad y el incremento de los riesgos de victimización en todo ámbito de socialización en la entidad.

 

La Estrategia de inducción del Miedo social

Ante una realidad que no sólo hiere y lacera la dignidad de la sociedad, no se puede negar que más allá de todo aquello inherente a la fenomenología criminal que paulatina y progresivamente aniquila y cercena a los más caros miembros de numerosas familias sinaloenses, a la par de la alta y creciente impunidad que de estos hechos prevalece, pareciera que a las autoridades más que preocuparse y ocuparse, no les significa interés alguno, en cuanto investigar y castigar como reducir esos crímenes y lamentables hechos.

Sinaloa, es un estado donde prevalecen los escenarios donde el MIEDO social y la incertidumbre ciudadana permea los ambientes colectivos de las ciudades y las comunidades rurales, lo mismo que en los asentamientos ubicados en la agreste serranía como en las localidades asentadas en la región del valle y las costas de la entidad. Un miedo que somete, que inhibe la iniciativa individual y propicia la parálisis social; pero también por otra parte, que acusa la carencia de probidad, la deshonestidad de las autoridades; así mismo, recusa la ilegalidad de quienes debiesen ser los primeros de observar la ilegalidad y las prácticas de corrupción en todas y cada una de las instituciones del estado. Unas más otras menos, pero al fin todas, inmersas en la indolencia oficial y los márgenes de la ilegalidad sospechosa. La “permisividad cómplice”. La impunidad frente a todo ello, la ciudadanía lo observa y evalúa, como silenciosa espectadora en veces, otras como una crítica permanente, manifestándose con tímida rebeldía, cuidando seguridad y la intimidad de la familia. En los grupos académicos, en los grupos de “tertulia y del café” y con los familiares y amigos cercanos. Pero siempre con el MIEDO a exteriorizar su opinión y muchos -salvo eventuales excepciones- a tomar las calles para manifestar públicamente su inconformidad ante el “estado de cosas”.

Por ello, resulta oportuno y en justicia aclarar, que la estrategia de inducción del MIEDO de entre las sociedades del mundo, entre estas de América latina y en México, no es una estrategia nueva de la que los grupos en el Poder suelen servirse para su permanencia en el Poder mismo. Es una estrategia demasiado socorrida en tanto la eficacia de sus resultantes, dados los efectos “suavizantes” que produce de entre las masas gobernadas, y más aun, de su probada eficacia para evitar “revueltas y movimientos sociales”, eficientando el control social.

El MIEDO social que permea y se arraiga en la subjetividad de entre los colectivos sociales no sólo se genera por el temor a la delincuencia, sino igual o más por el riesgo de ser victimizados por las violencias de estado. O que, producto del endurecimiento de la política criminal, los ciudadanos de “a pie” y sus familias, ciudadanos comunes se vean envueltos en una victimización propiciada “voluntaria e involuntariamente” por la actuación de elementos castrenses y policiales que “so pretexto de combate a las drogas y grupos criminales”, caen en el abuso y los excesos de autoridad, lo mismo que en el abuso en el uso de la fuerza. Es pues, el temor permanente de la ciudadanía y sus familiares de llegar a sufrir vejaciones, lesiones, torturas, desapariciones forzadas y/o privaciones ilegales de libertad, y hasta asesinatos, sea por una equivocación o por cualquier otro pretexto que se acostumbra argumentar e interponer para justificar tales acciones.

  • Sólo como datos complementarios
  • Hasta el día de hoy 20 de agosto, la Fiscalía General en Sinaloa, lleva registrados 1,094 homicidios; mientras que en todo el año 2016, se registraron 1,161 homicidios dolosos. No obstante, que estamos en el 8vo. mes del 2017. (noroeste.com.mx) http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/01/03/1137529
  • Desde enero hasta la fecha, 1,380 personas han sido desplazadas de sus lugares de origen, por causa de la violencia y la criminalidad prevaleciente. Con desplazamientos de familias y Comunidades enteras ubicadas en la Sierra sinaloense, en particular de familias de la región sur de Sinaloa (noroeste.com.mx. edición impresa. 20 de agosto del 2017).
  • Sinaloa, es la tercer entidad menos pacífica del país, después de Guerrero y Colima. Y de la región noroeste de la república, ocupa el primer lugar como la entidad más violenta e insegura, por encima de Baja California y Baja California Sur. https://indicedepazmexico.org/
  • La cifra negra que actualmente se registra es del 3%. Esto significa que la mayor parte de los delitos cometidos NO son denunciados ante las autoridades. De entre dichas causas, por tener desconfianza en las autoridades, por la pérdida de tiempo y por el temor a la revictimización. https://www.udlap.mx/igimex/assets/files/igimex2016_ESP.pdf
  • Hasta el 2016, del total de los delitos denunciados ante las autoridades locales, en tan sólo el 4.46 % de los crímenes consumados se llega a obtener sentencias condenatorias. Lo que arrojaría una impunidad cercana al 95% de los delitos que así fueran acreditados por la autoridad como “consumados”. La cifra anterior (delitos consumados), en perspectiva con la cifra negra (delitos que no fueron denunciados por los ciudadanos) significaría que los delitos que quedan sin castigo, en la impunidad simple y llana, estaría rondando en los márgenes del 99%. Esto quiere decir que sólo el 1% de los delitos en México, alcanzan a ser castigados.

 

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Colegio de Criminólogos, Victimólogos, Criminalistas y Forenses de Sinaloa, A.C.