"¡Estamos contigo México!".

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Una sociedad indolente es aquella que no siente el dolor por lo que le pasa a sus miembros, es una sociedad que se inmoviliza ante hechos que dañan a la célula social, base de ella misma: la familia. Conmoverse por lo que ve en los ajenos y a los propios es, por decirlo de alguna manera, lo que mínimamente cualquiera haría en una situación por demás dolorosa. La defensa de la sociedad de los que viven amenazados, violados, ultrajados, sería lo mínimo que pudiéramos hacer para no dejar inadvertido el hecho mismo de esa violencia que se encarna en una sociedad indolente. La negligencia es una característica presumible de las personas indolentes. Decir que nuestra sociedad presenta indolencia desesperante es casi llevar al extremo dicha definición. No conmoverse por el sufrimiento o el dolor de los demás implica un síntoma del desorden social, la causa o causas podrán ser muchas, lo cierto es que cada día lo ocurrido en Sinaloa genera menos movimientos sociales llevándonos a la creencia que nuestra sociedad es indolente. No me gustan las comparaciones pero podemos observar en otros países cuando la sociedad toma por si misma los asuntos que competen a cada uno de sus miembros. Vemos de pronto grandes movilizaciones en aras de parar una política y detener actos negativos que pueden repetirse con cualquier ciudadano. Esos hechos agobiantes llenos de dolor en una ciudadanía empática generan masas activas cada vez más conscientes de lo que pasa en su interior. Los colectivos hacen suyo el dolor ajeno llevándolos a la movilización ordenada y contundente. Lo anterior es visto generalmente en sociedades maduras que han vivido todo tipo de atropello dejándoles el único recurso de la organización de masas.

Lo ocurrido en Sinaloa, Monterrey, Sonora, Tamaulipas, Michoacán, y en varias partes de la República Mexicana, con el uso de la violencia por lo grupos organizados o delincuencia organizada, no ha sido fortuito, los intereses económicos y políticos han sido la marca de agua que conlleva a esos estados a convulsionarse. Estamos siendo testigos de nuestra propia muerte que poco a poco nos arrebata la humanidad, la mucha o la poca que nos queda. Está claro que las autoridades, por dejar hacer, son las que originan estas inequidades y por cualquier causa serán ellas las culpadas por el dolor que mata a nuestra sociedad. Así sea.

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