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AMBROCIO MOJARDÍN HERÁLDEZ

AMBROCIO MOJARDIN

VISOR SOCIAL

Las relaciones interpersonales y la dinámica social en general, están mediadas por la confianza y la desconfianza. El comportamiento de los individuos siempre incluye a ambas y la dirección que toma éste depende del peso de cada una. 

Aunque la primera la asociamos con algo positivo y a la segunda con algo negativo, en la dinámica de las interacciones humanas, ambas pueden cambiar el sentido de su contribución. La confianza puede llevar a efectos negativos y la desconfianza puede llevar a efectos positivos.

Según estudios recientes, el problema de la vida moderna es que se sustenta en bajos niveles de confianza, con altos niveles de desconfianza. Esa combinación termina provocando que las personas vivan en el temor, tiendan a ver propósitos negativos en la conducta de los demás y se mantengan a la defensiva (e.g. http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-92672006000100002&lng=en&nrm=iso&tlng=es).

No es difícil coincidir en la afirmación de que la vida moderna incentiva el individualismo y los propósitos pragmáticos, quizá como resultado de una ruta en la que se fue perdiendo la confianza y aumentando la desconfianza. 

Para los especialistas del área, la mejor combinación es incrementar al máximo los niveles de confianza, manteniendo niveles altos de desconfianza. En la medida en que ambos valores alcancen sus niveles máximos, las personas mejorarán sus actitudes para convivir y emprender tareas colectivas de trascendencia.  

Perder la confianza en los demás y en las instituciones conduce a tener una vida social con tropiezos y un desempeño personal mediocre. Recuperarla puede tomar tiempo, e inevitablemente exigir evidencia de que lo que minaba la confianza ha ido cambiando.

Reducir la desconfianza no sería lo deseable si la confianza social tuviera niveles altos, pero para cambiar las cosas en la dirección de mejora puede ser indispensable. Con los niveles de desconfianza social reducidos se podrían reactivar muchos mecanismos de convivencia en la familia, en el trabajo y en la vida comunitaria.

Hay que bajarla a niveles en los que las personas mantengan su espíritu crítico y la capacidad para inconformarse. Una condición que les permita la búsqueda creativa de mejores resultados; luego incentivar su crecimiento.

Hay que intentarlo en todos los planos. Particularmente en aquellos de mayor significado; plano familiar, plano grupal y plano institucional.

En el plano familiar quizá los más importante es aumentar la confianza padres-hijos. La psicología lo ubica como el de más impacto para la estabilidad emocional e intelectual de sus integrantes. Al mismo tiempo que mejora la dinámica interna, incrementa la autoconfianza en todos. 

Una vía para lograr esto es ejerciendo un estilo democrático de autoridad parental. Otro es consolidando la relación de la pareja y multiplicando las redes sociales de la familia. 

En la familia crece la desconfianza con la inconsistencia de reglas y con las incongruencias. Su daño es múltiple y reducirla consiste en mantener dinámicas justas en ambientes de comunicación estrecha.

En el plano grupal, para aumentar la confianza lo deseable es mantener y multiplicar las relaciones de amistad con los diferentes núcleos sociales derivados de nuestros roles (trabajo, escuela, iglesia). Empezar con ellos compartiendo espacios, información, tareas, anhelos y propósitos, en un marco de respeto por las diferencias.

La ausencia de comunicación, el bajo nivel de contacto personal y las pobres consideraciones por los demás mantienen a los grupos con altos niveles de desconfianza e insensibilidad. Sus efectos traspasan el espacio que comparten y se trasmite a los espacios íntimos de cada integrante. 

La desconfianza en las instituciones es una de las que más crecimiento ha ido teniendo en los últimos tiempos. Su principal fuente es la incongruencia de sus procederes, la insuficiencia con que opera y las formas en que buscan esconderlo o justificarlo. 

Es urgente que se recupere la confianza en ellas porque de ahí se derivan muchos beneficios. Cuando hay confianza en las instituciones, las personas tienen referentes para definir formas más estables de convivencia y desarrollar planes de vida más ciertos. La desconfianza en las instituciones, particularmente las de interés social, con frecuencia desmotivan y se vuelven fuente de recelo. 

La desconfianza en algunas instituciones es más negativo que en otras. Desconfiar de aquellas que ejercen la autoridad pública lleva a sentimientos de desprotección y motivan el desorden. Desconfiar de la escuela puede ser fuente para extraviar la guía cultural más importante de la sociedad. 

Por todo ello, aumentar la confianza, dejando niveles razonables a la desconfianza puede servir para llevarnos a mejor vida social. Hay que intentarlo, mantener las cosas como están no parece prometer mucho. Empezar por lo que nos toca directamente sería una excelente contribución, ¿o usted qué opina?

@ambrociomojardi

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