"¡Estamos contigo México!".

JESÚS ROJAS RIVERA

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Fue en la reforma político electoral impulsada por José López Portillo en 1976 que los partidos políticos en México se consideraron “instituciones de interés público”. De entonces para acá el derecho electoral en nuestro país ha dado giros insospechados para aquellos lejanos tiempos del partido hegemónico.

Cuando el Estado mexicano concedió a los partidos una serie de derechos y prerrogativas, el sistema político mexicano comenzó a cerrar la puerta al radicalismo, fue un proceso para incluir dentro de la incipiente vida democrática a las diversas fuerzas políticas que buscaban o simulaban buscar el poder.

Recuerda el profesor José Woldenberg que el PSUM fue el primer intento por unificar las izquierdas en México. En 1982 esa institución política realizó su primera campaña sumando en sus expresiones al Partido Comunista Mexicano, Partido del Pueblo Mexicano, Socialista Revolucionario, Movimiento Acción Popular y a la expresión Acción y Unidad Socialista. Esta fue, según el autor de “La transición democrática en México”, la primera fusión de partidos, agrupaciones y expresiones más diversa de la izquierda en los preludios de un proceso electoral.

Pero por supuesto que no toda la izquierda se agrupó en torno a Arnoldo Martínez Verdugo, destacado sinaloense que desde muy joven se adhirió a las filas del Partido Comunista Mexicano. Fue el propio Martínez Verdugo quien encabezó con gallardía y entereza verdaderas luchas de la izquierda para dar espacio a la participación política de las fuerzas de oposición al sistema presidencial, dentro de las recién nacidas instituciones electorales mexicanas.

La izquierda de nuestro país tiene por tradición la fragmentación y la pulverización pragmática de sus movimientos. Para aniquilar la unidad de las izquierdas, Rosario Ibarra de Piedra se postuló por el Partido Revolucionario de los Trabajadores y Cándido Díaz Cerecedo por el Partido Socialista de los Trabajadores.

Seguramente a muchos de sus ahora seguidores ya se les olvidó, pero mientras que en México la izquierda apenas dibujaba sus esquemas de participación en los procesos electorales, cargando en ellos sus primeras traiciones y sabotajes, un joven tabasqueño llamado Andrés Manuel López Obrador comenzaba su carrera como orador y versista en el Partido Revolucionario Institucional.

La izquierda polvorón no dio sorpresas en las elecciones de 1982, Miguel de la Madrid arrasó con toda oposición logrando el 68 por ciento de la votación, el PAN alcanzó poco menos del 16 por ciento, el PSUM el 3.48 por ciento, el PRT el 1.84 por ciento y el PST 1.74 por ciento. Andrés Manuel López Obrador festejaba el triunfo de Miguel de la Madrid en Tabasco y se encaminaba a brindar discursos de felicitación al nuevo Presidente de México.

Cuando escucho a algunos militantes de Morena hablar de Andrés Manuel como un reformador de la izquierda, pienso en estos momentos de la historia de México cuando el ahora líder del Movimiento de Regeneración Nacional era un arengador tabasqueño para los intereses del partido hegemónico.

Ahora que Rosario Ibarra lo acompaña en su eterna campaña, me gustaría preguntarle en dónde estaba él cuando ella recorría México buscando votos para la izquierda. En 1982, la izquierda comenzó un camino en la construcción de un México plural, muchas vidas costaron los triunfos de las primeras expresiones auténticas de la izquierda mexicana. 

Hoy, a la luz de la historia es que entiendo por qué López Obrador y su movimiento no pueden aglutinar todas las fuerzas políticas de izquierda. La política cobra fracturas, no todos perdonan como Rosario Ibarra, algunos tienen memoria y no olvidan que mientras ellos luchaban para abrir boquetes en el sistema, otro allá en Tabasco les hacía campaña en contra, sirviéndole a lo que ahora tanto detesta. Luego le seguimos...

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