"¡Estamos contigo México!".

JUAN ALFONSO MEJÍA LÓPEZ

JUAN ALFONSO MEJIA

KRATOS

Para Angelo Panebianco, la naturaleza del poder se reduce a la supervivencia. Los principios, la ideología y las metas son mero ornamento cuando tu permanencia en el juego político está en entredicho. Ocúpate por estar, por permanecer y luego “todo lo demás”.

En la política mexicana y la internacional contamos con varios ejemplos que nos ayudan a dimensionar la máxima del profesor italiano en Ciencia Política. Desde 1994, Ernesto Zedillo se declaró propenso a la sana distancia con el hasta entonces partido dominante en México, el PRI. Favoreció la tan renombrada reforma definitiva de 1996, un año más tarde la Cámara de Diputados contó con una nueva mayoría que precedería la alternancia en la Presidencia de la República. Cuando el entonces candidato del poder, Francisco Labastida se negaba a reconocer los resultados, el Secretario Particular de Zedillo, Liébano Saenz, intercedió por orden presidencial. A todos les quedó claro que perdía el PRI, pero no el Presidente. ¿Ayudó Zedillo a Vicente Fox?

La elección de 2012 tuvo tintes de supervivencia clarísimos. En los pasillos del poder se rumora que Felipe Calderón pactó con el candidato del PRI, Peña Nieto, la Presidencia de la República. El candidato predilecto de Calderón se murió en un avionazo, Juan Camilo Mouriño; Ernesto Cordero intentó abrigar ese liderazgo dentro del calderonismo y el PAN, pero no lo logró. Josefina Vázquez Mota resultó candidata, pero nunca contó necesariamente, dice, con el apoyo del Presidente. Al terminar en tercer lugar, en el PAN y en Los Pinos se decía que perdía ella, pero no el Presidente y menos el presidente del partido, Gustavo Madero. ¿Pactó el Presidente de la República y el del PAN con el ex Gobernador del Estado de México y candidato del PRI?

El triunfo de Emmanuel Macron ha sido de las mejores “eventualidades” de 2017. Que un movimiento de reciente creación descolocara de tal manera a las dos principales fuerzas político-partidarias de la Quinta República, me pareció un fenómeno asombroso y excitante. Toda proporción guardada, equivaldría a comparar la victoria del PAN o el regreso del PRI a la Presidencia de la República en México. Sin embargo, mi conocimiento de la política francesa todavía me deja pensar que François Hollande, el Presidente socialista que le entregó a Macron la jefatura de Estado y con el cual este último fungió como Ministro de Economía, me permite pensar que hubo un pacto. Hollande no sólo supo, sino fue partícipe del plan de Macron, por la misma razón que Zedillo y Calderón: por su supervivencia.

Este fin de semana se celebra la 22 Asamblea Nacional del PRI. Los más de 10 mil priistas reunidos en la Ciudad de México vienen con una consigna: salir unidos si, pero no a costa de perder el control sobre el instituto. De hecho, así llegan a la asamblea, con la claridad de que el Presidente todavía controla el aparato partidista.

“Haiga sido como haiga sido”, Peña Nieto logró imponer en las mesas previas a la asamblea nacional algunas de sus propuestas: remover los candados para todo aquel que desee aspirar a la candidatura, lo que implica hacer un lado el factor de “militancia previa” de al menos 10 años y un carggo de elección popular; además de darle un “tiro de gracia” a los señores del partido, dueños de las plurinominales que brincan de una cámara a la otra.

Ambos cambios tienen dedicatoria. Al remover los candados, Peña habilita dos candidaturas más en su interior: José Antonio Meade y Aurelio Nuño, Secretario de Hacienda y Crédito Público y de Educación Pública, respectivamente. Las plurinominales recaen en personajes como Emilio Gamboa Patrón, diputado, senador, diputado, senador, etc.

Dudo mucho que a estas alturas el Presidente Peña Nieto no tenga claridad sobre el candidato a sucederlo o sobre sus posibilidades para construir dicha posibilidad. Me parecería poco creíble dejarlo correr para ver quién es “el mejor”. Lo dudo tanto como estoy seguro de que no dejará pasar la posibilidad de ser él quien decida. Aquellos que piensan en una consulta a los militantes, bien se pueden olvidar de ella.

Ahora bien, lo que no tengo claro es la sensatez del Presidente para determinar cómo jugará la designación de la candidatura. Ahí, en la sensatez del habitante de Los Pinos se encuentra 50 por ciento de los márgenes para su sobrevivencia, que no es necesariamente la del PRI; o, quizás, él piensa que sí.

La gubernatura al Estado de México funciona como un laboratorio. Cuál es la lectura con la que se queda Peña es determinante para conocer lo que hará. Existen dos opciones:

  1. Si el Presidente cree que ganó, porque ganó su primo Del Mazo, entonces se animará a impulsar una opción que no necesariamente se identifique con el partido. Podrá decantarse por Meade y se concentrará en reestructurar el equilibrio de poder al interior de las filas de su partido y el gobierno. Necesita que “los barones” lo dejen pasar y no pacten, como lo hicieron en 2000 con Fox y Calderón, con un candidato opositor por su propia cuenta.
  1. Si el Presidente considera que, a pesar de haber ganado el Estado de México, el PRI fue el principal perdedor de la contienda por el número de votos perdidos frente a la última elección, porque su propia popularidad está en picada y además Morena recupera votos de la clase media, se dará cuenta que con su partido no gana, pero eso no quiere decir que deje de jugar. Puede impulsar un candidato débil y hacer cuentas más allá del PRI, francamente con el PAN y el PRD.

¿Cuál es el Peña Nieto que tenemos frente a nosotros? El Presidente que nunca dimensionó el fenómeno de la Casa Blanca, de Ayotzinapa, del Sistema Nacional Anticorrupción O bien, ¿el Gobernador del Estado de México que se enfrentó a su propio grupo, el de Atlacomulco, porque lo importante era ganar y él fue el primero que lo vio?

Queda mucho por andar pero, ya empezó hace tiempo.

Que así sea.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.