"¡Estamos contigo México!".

ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

ARTURO SANTAMARIA

Ya se ha dicho muchas veces: los sistemas partidarios están en crisis. Los periodistas lo informan todos los días de diferentes maneras. Los académicos tienen el tema como materia de estudio desde hace varios años. Políticos de acá y allá lo reconocen. Esa crisis se manifiesta de muchas maneras.

Los partidos políticos mexicanos un día sí y otro también no pueden ocultar los serios predicamentos por los que pasan.

El PRI de Peña Nieto, por ejemplo, revela uno de los hoyos negros más profundos de su historia, a tal grado que busca un candidato presidencial que no sea parte de sus filas. Dentro de ellas nadie da el ancho para competir seriamente en la presidencial de 2018. En realidad, es insólito que la vieja aplanadora, que el otrora partido casi único, que el llamado Partido de Estado, el que se apropiaba abusivamente de la identidad nacional, el que se quedó con los colores de la bandera, ahora sea rechazado por la inmensa mayoría de los mexicanos y se vea obligado a modificar sus estatutos para buscar a un candidato o candidata que se distancie, o por lo menos lo intente, de la imagen cancerígena del partido.

Ni siquiera cuando en el año 2000 perdió las elecciones presidenciales o en 2006 cuando lo dirigió el infumable Roberto Madrazo y volvió a sucumbir, el PRI había experimentado un rechazo tan grande como el que hoy enfrenta. Entre 2000 y 2012 se pudo recuperar en gran medida, sin contar con las alianzas favorecedoras con el PAN que lo ayudaron a sobrevivir, porque la mayoría de los gobernadores y alcaldes, así como centenas de legisladores federales y estatales, de ese periodo eran de sus tropas; pero en la actualidad cuenta con menos gobernadores, alcaldes y legisladores.

Es muy cierto que el tricolor cuenta con los políticos más experimentados y que numerosos grandes medios de comunicación interesadamente lo respaldan. El problema es que esos cuadros están muy desprestigiados. El PRI ya no es una marca, para la mayoría de ellos es un estigma o ellos mismos lo son.

Experiencia no es lo mismo que prestigio y por eso el PRI busca un candidato presidencial que no cargue con el estigma. No es que el antes llamado partidazo se quiera ciudadanizar y/o renovar, lo que pretende es salvarse del naufragio con un candidato como Meade, quien es un economista neoliberal de hueso colorado sin ser militante priista, pero por lo mismo totalmente ad hoc a gobiernos panistas, tricolores y al PRD chuchista.

En la Asamblea Nacional que se celebró este fin de semana el PRI cambió sus estatutos para perfilar a un candidato como José Antonio Meade Kuribreña, el cual, en efecto, podría ser su mejor candidato, aunque estaría por verse si eso provoca una desbandada tricolor hacia otros partidos.

Meade, un tecnócrata muy experimentado e inteligente, puede atraer ciudadanos de perfil conservador e incluso panistas y perredistas, así como la simpatía de la mayoría de los empresarios; pero se sostiene la pregunta si eso le alcanzaría al PRI para competir con Morena y el PAN.

Por otro lado, en el terreno de la izquierda, vemos cómo López Obrador hace todo el esfuerzo que puede para atraer a las clases medias y a grupos empresariales, deslavando su discurso duro. El tabasqueño sostiene aun varias propuestas estatistas en su propuesta económica, lo cual sería el signo más visible de su orientación ideológica, pero en el terreno social y cultural, tal y como dicen varios observadores, entre ellos César Velázquez, acá en Sinaloa, es muy conservador.

Sin embargo, lo que El Peje va a tener que enfrentar con mayor inteligencia son los ataques que lo asocian con la Venezuela chavista y, por el caso de Tláhuac, con el narco.

Hay todos los síntomas de que el Delegado de Tláhuac, militante de Morena, de alguna manera se asoció con El Ojos, narcomenudista de la Ciudad de México; pero ni López Obrador ni otros militantes morenistas se han deslindado correctamente del caso. Y lo deben hacer de manera inmediata y tajante porque de no hacerlo la acusación les va a pesar mucho. Y si pretenden levantarse como una nueva y mejor opción de Gobierno tienen que condenar con firmeza cualquier desliz ilegal de sus militantes. No pueden aceptar ningún coqueteo con políticos sospechosos de estar coludidos con el crimen organizado.

Lo que sí es grotesco y oportunista es que miembros del PRI y el PAN acusen a los morenos de ligas con la delincuencia cuando ellos están infestados de mafiosos.

En fin, lo único cierto es que la etapa política que vive el país nos muestra un sistema partidario trágicamente descompuesto.

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