"¡Estamos contigo México!".

OSWALDO DEL CASTILLO CARRANZA

OSWALDO DEL CASTILLO

CORTOS REFLEXIVOS

Lo menos que uno debe hacer es reconocer a las personas como personas. Todo daño generado a alguien es también un daño para todos los que lo rodean. Por mucho tiempo deseé que el mundo fuera color de rosa, que no existiera el hambre ni la miseria que vemos actualmente. Que las guerras solo fuera de palabras, nunca con armas de liquidación masiva. Que los conflictos nunca fueran más lejos del pórtico de tu casa. Y que los enojos de cada persona durasen solo momentos y no morirnos con ellos. Deseé demasiado quizás, soñé despierto y no le di a mi imaginación el suficiente tiempo para darme cuenta que era sólo un sueño. Inicié cortos Reflexivos pensando que en verdad la gente reflexionaría por los hechos ocurridos en el mundo, en esto no se si lo estoy logrando o ya lo haya logrado. “En Ríodoce hemos experimentado una soledad macabra porque nada de lo que publicamos tiene ecos ni seguimiento y esa desolación nos hace más vulnerables…” (Valdez, Cárdenas, Javier. Video, Sep. 22 de 2011, CPJ International Press Freedom Awards).

Esa declaración que hiciera Javier en la ceremonia de entrega de premios por el Comité para la protección de Periodistas (CPJ), la cual galardonó a este personaje, me deja de una pieza. El saberse inútil por unos instantes al dar cuenta que uno no mueve ni el pétalo de una rosa, mucho menos despierta conciencias adormecidas y alienadas. Una sociedad mutilada por el mismo sistema, es una sociedad que morirá mil veces. Y cuantas veces sea necesario morir se morirá, y el fruto que uno espera obtener del esfuerzo no existe. Se lucha porque en la sangre de uno corre libertad, verdad y cambio. Somos los gavilanes que pernoctamos en las alturas dándonos cabal cuenta de lo pasa abajo. Me imagino el desespero de Jesús al estar en la crucifixión, lo que pensó de nosotros. Y si bien esa “soledad macabra” que sintió Ríodoce al no oír los ecos ni ver el seguimiento de lo que denunciaban, así muchas veces hemos sentido que lo que uno escribe no impacta en lo absoluto a nadie. “Somos homicidas de nuestro propio futuro…” (Ibidem). Al hacer nada y por consecuencia dejar todo, nos convierte en cómplices de lo que vemos en nuestra nación, y aunque no nos guste, debemos aceptarlo. Estamos a escasos días de cumplirse tres meses de la muerte de Javier y nadie, salvo algunos grupos, dicen nada de lo ocurrido, las autoridades callan, como callaron los diputados ante tan “loable” traición al pueblo de Sinaloa. Tampoco observé un paro total de las prensas de los periódicos en el estado como protesta de esa muerte y de las otras tantas ocurridas en nuestro piso mexicano. Claro que me he cuestionado y no una, sino muchas veces de el por qué la ciudadanía actúa como actúa. Y es que para ser honestos, si sacamos los números de cuántos empleados de gobierno existen en la nación, cuántos están en las filas de los partidos, cuántos en las filas de los sindicatos y cuántos jueces, policías, judiciales, cuántos gozan de los favores de todos ellos, entonces podremos entender lo que ocurre en México. Habida cuenta de lo anterior, las personas con conflicto de interés no solamente son los que participan en los puestos de elección popular o en las dependencias gubernamentales, sino realmente todas las personas que rodean a un personaje que tiene cualquier vínculo con el estado mexicano. El estado mexicano es el empleador número uno, de él dependemos millones de personas, subsistimos gracias a los salarios del gobierno, a los favores, a las prebendas, a todo lo que de alguna manera deviene del estado. Esas promesas de los políticos que ahora la de 3 de 3 será obligada para todos es pura farsa. Es más de lo mismo con otro sabor y otra envoltura. “En Culiacán, Sin. México, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el gobierno, un piso filoso y lleno de explosivos, esto se vive en casi todo el país…” (Ibidem). Javier, creo que ya es hora de que te dejemos descansar en paz. Y por favor no ocultemos la cabeza en un agujero. Así sea.  

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