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ARTURO SANTAMARÍA GÓMEZ

ARTURO SANTAMARIA

Las pruebas son evidentes: el PRI, ni en Sinaloa ni en ningún lugar, quiere reinventarse.

El Estado de México y Coahuila son los ejemplos más cercanos de cómo actuará electoralmente el PRI-Gobierno en 2018. Y aquí en Sinaloa tenemos un ejemplo de cómo se construyen la unidad interna del tricolor, las alianzas de Gobierno y las electorales también para el próximo año.

Quirino seguramente consultó con Los Pinos o al Grupo Atlacomulco la estrategia a seguir en Sinaloa: había que absolver al malovismo, pensando en 2018, porque en este momento es la principal fuerza del PRI en Sinaloa. No importaba la evidente corrupción de muchos de sus integrantes, ni sus nexos políticos oscuros. Ante la debilidad política del Gobernador, era mejor renunciar a los coqueteos legales para combatir la corrupción que perder a la maquinaria más aceitada del priismo sinaloense.

El mejor recurso para legitimarse y, por lo tanto, para intentar reinventarse como expresión política en Sinaloa, era el llevar a juicio a los miembros más conspicuos del malovismo, pruebas sobraban. Pero Quirino no pudo o no quiso, para el caso es lo mismo.

Actuar conforme a derecho hubiese significado para el Gobierno de Quirino atraer la confianza y el respaldo de numerosos sectores sociales y mediáticos; pero, quizá, calcularon que con esa medida el PRI internamente se dividiría más que unirse. Pensaron que el malovismo se les fugaba hacia Morena y que también frustrarían la alianza con el PAS, estrecho aliado del malovismo. Esta corriente y el PAS, de la mano de Gerardo Vargas, han actuado al alimón desde hace varios años y lo volvieron a hacer para aprobar las cuentas públicas del ex Gobernador bailarín y para debilitar al Poder Legislativo estatal y fortalecer al Ejecutivo, desbalanceando aún más la distribución de poderes.

No ha sido claro, al menos para este articulista, la postura del vizcarrismo-aguilarismo y del millanismo, dos grupos que también respaldaron a Quirino, sobre todo el primero, para que obtuviera la candidatura y ganara el acceso al Tercer Piso, en el caso de Malova y los suyos. Sabemos que Mario López Valdez rompió radicalmente con Juan S. Millán y que la relación del ex Gobernador y ahora nuevamente ferretero con Vizcarra es, por lo menos, difícil; pero más allá de eso, ambos, al menos de dientes para afuera, mantuvieron la  disciplina y la unidad partidaria priista.

La votación en la Cámara de Diputados y las reacciones públicas del priismo sinaloense nos dicen que esta expresión política no está dividida, al menos en apariencia. A los millanistas y a los vizcarristas-aguilaristas no les habrá gustado que el malovismo haya salido triunfante y fortalecido, pero lo cierto es que acataron la decisión de Quirino, y quizá de Peña Nieto, o por lo menos de Osorio Chong, de proteger al sinaloíta.

Naturalmente, quien sale perdiendo es la población de Sinaloa, y por lo mismo la justicia y el derecho, pero hace mucho que en Sinaloa no hay un estadista que la gobierne; es decir, no gozamos de un político de grandes miras que sobre todo piense en el bienestar de su ciudadanía y en el fortalecimiento del Estado de Derecho y la Democracia.

Quirino, Malova, Peña Nieto y el priismo hegemónico, en Sinaloa y el conjunto del país, le apuestan a la política del dinero y la fuerza impositiva para mantenerse en el poder en 2018. Aunque el mazatleco y el sinaloíta ganaron bien sus gubernaturas, ahora aceptan la propuesta peñista de ganar a toda costa y, para ello, necesitan la férrea unidad del priismo. Pero esta unidad favorece al malovismo para 2018, si es que Vargas y Cuén son los candidatos a senador.

La decisión de quienes serán los candidatos al Senado la tomarán Peña Nieto y Quirino. Así como pintan las cosas, el mazatleco se inclinará por el malovismo; es decir, por el ex Secretario de Gobierno y el dueño de la UAS, la cual sufre un control político cada vez más férreo. Si las cosas tomaran ese rumbo, habrá que preguntarse qué hará el millanismo, porque su distanciamiento con Malova es peor que un divorcio. Vizcarra y Aguilar son más disciplinados y acatarán lo que les diga el atlacomulquense.

La disputa por un asiento en el Senado no será fácil para el PRI. Morena y el PAN o Clouthier, como independiente, les pueden ganar la batalla, sobre todo si la decisión cupular priista divide sus filas y genera fugas hacia los partidos de oposición. No obstante, si Vargas y Cuén llegaran a ganar, su alianza sería temporal, porque los dos amigos irían por separado para buscar la gubernatura en 2021. El sueño no cumplido del badiraguatense es ser dueño de Sinaloa. Sea Senador o no, no le impedirá convertirse en candidato a Gobernador. Vargas tiene muchas probabilidades de ser también candidato si, paradójicamente, el PRI pierde las elecciones presidenciales porque entonces, ante la ausencia de un Presidente suyo en Los Pinos, el destape lo hará Quirino, a quien, hasta el momento, lo tienen atado los malovistas.

No deja de ser contradictorio que Quirino, siendo uno de los candidatos priistas que ganó con facilidad la elección, sea uno de los gobernadores más débiles en la historia de Sinaloa. No es tan sólo falta de oficio, aunque él tenga una personalidad recia, sino que carece de una fuerza partidaria propia, lo cual está aprovechando el malovismo mejor que nadie.

Posdata: Mister Trump quiere que su obsecuente amigo en Los Pinos modifique la Constitución Mexicana y siga gobernando seis años más. Por supuesto esta idea genial sería en beneficio de los mexicanos.

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