"¡Estamos contigo México!".

ALFONSO ARAUJO

AlfonsoAraujo

LA NUEVA NAO

Ya saben mis lectores que uno de mis libros chinos favoritos es el de los Anales de Lu Buwei (239 a.C.), una colección enciclopédica de cuentos y moralejas que desafortunadamente nunca se ha traducido al español, porque no es tan famosa como El Arte de la Guerra o Las Analectas de Confucio. De vez en cuando publico aquí una traducción de alguno de sus capítulos y probablemente a este paso me tomará 50 años terminarlo, pero ya sabemos que no hay peor lucha que la que no se hace. El capítulo de hoy viene a cuento en el marco de las declaraciones públicas y los hechos de muchos de nuestros políticos: como parece ser que el tiempo les empieza a apremiar para la redistribución de fichas para 2018, andan desatados posicionándose en donde mejor se pueda. Claro que no todos los que eligen cambiar posturas son así, habrá quienes se separen de sus correligionarios por reflexiones válidas; el caso es que tenemos que ver cómo son las cosas caso por caso.

En el Estado de Qi había un sirviente cuyo amo encontró graves dificultades, sin embargo el sirviente no estuvo con él hasta el final, pues no estaba dispuesto a morir por él. Algún tiempo más tarde, el sirviente encontró por el camino a un viejo conocido suyo, quien se había enterado de su situación y que le preguntó, “¿De modo que no osaste morir junto con tu amo?”

“Así es”, dijo el sirviente, “el estar al servicio de alguien de alta posición confiere beneficios a quien sirve, ¡pero morir no es ningún beneficio! Así que elegí huir”. El conocido volvió a inquirir, “siendo que obraste así, ¿cómo puedes volver a ver a la cara a los demás hombres?”

A lo que el sirviente contestó, “y si estuviera muerto, ¿cómo podría verles la cara a los demás hombres?”

Escuchar este tipo de historia es muy frecuente. Cierto que no morir por el amo al que se sirve es considerado como la mayor inmoralidad, pero las respuestas del hombre en cuestión parecen ser también irrefutables. Sin embargo, la información para decidir la cuestión es incompleta en este caso. Las palabras son los símbolos de los principios; no se puede seguir las palabras y descartar las ideas, esto es locura. Los sabios antiguos entendían el principio y luego descartaban las palabras. Quien escucha las palabras, debe usarlas para llegar al fondo del entendimiento de los principios tras ellas. Si al escuchar una propuesta no se percibe la idea que la anima, entonces no hay diferencia entre escuchar lenguaje culto y escuchar balbuceos sin sentido.

El autor es académico ExaTec y asesor de negocios internacionales radicado en China

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